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No se apuró demasiado, porque estaba seguro de que Ce– lia demostraría pronto con su actuar lo acertado de su elección. «Avanzadilla», al recoger la noticia, ponía esta añadidura: «Ya sabemos que la nueva Secretaria es aún poco conocida en la Juventud; pero no importa: espere– mos a que obre... Creemos que promete mucho, y confia– mos en que su actuación será de esas que dejan huellas y recuerdos imborrables». La noche que precedió a la solemnidad del Corpus Christi las jóvenes tercianas repitieron su hermosa expe– riencia de la Nochevieja: tuvieron «vigilia de adoración» en la misma capilla del Colegio de las MM. Carmelitas de la Caridad. Se reunieron allí a las once y media de la noche, v fue desarrollándose todo como en la vez anterior: expo– sición del Santísimo, plática del P. Fidel, turnos de vela, etc. ¿Y de temperatura?... La temperatura externa, muy distinta, en esta deliciosa noche de junio, de aquella que reinaba en la última de diciembre; pero la interna tenía los mismos grados. En las reuniones semanales de ambas Juventudes se– guía tratándose del amor..., y las discusiones surgían ani– madamente. A los chicos les hablaba el P. Fidel más «en teoría»: razón de esa tan fuerte tendencia de la naturaleza; planes de Dios al hacernos así; el amor, amenazado mortal– mente por la concupiscencia; gobierno cristiano del amor... ; y al hablarles procuraba emplear eminentemente el len– guaje de la inteligencia, pero sin descuidar el lado práctico del asunto y ciertos toques de poesía. Ante las chicas varia– ba discretamente el desarrollo de sus lecciones, yendo más a los casos y problemas concretos que podían darse en la «realización» del amor; quería sobre todo hacerlas preca– vidas ante los múltiples peligros que hay en el amar, y de– jarlas bien amaestradas sobre cómo habían de conducirse en tan difícil ejercicio. Sabía de sobra que en ellas, por su mayor sentimentalismo y capacidad de ilusiones, la pu– reza y toda otra virtud podían muy fácilmente naufragar por culpa del corazón. Terminó sus lecciones a unos y a otras, diciéndoles po– co más o menos : « Hemos de reconocer que este amor con el que sueñan los corazones jóvenes es ciertamente el amor que más ilusiones de felicidad produce, el que mejor dora el lejano horizonte de la vida. Pero los «resultados» en que 352

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