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- Al menos, lo pretendo. »Nosotros sólo decimos: Sefíor, ¿será posible que Tú 1wyas traído al mundo al importante don Eugenio San Torcaz para que sea un perfecto seguidor del Real Madrid C. F.? ¡ Misericordia, Señor, para nuestra inconmensura– ble estupidez!» Quizá lo que más le gustaba a Francisco Campo en «Avanzadilla» eran los recuadros, que siempre se mostra– ban en rojo vivo por la primera y la última plana. A ve– ces tales recuadros le escocían... porque decían duramen– te la verdad de su propia miseria; pero aun así y todo, complacíase en ellos, por su gallardía, porque le hablaban en el único tono que podía aceptar su espíritu rebelde y descontento de casi todo cuanto le rodeaba. El amplio recuadro que traía en su primera página el número 7, aparecido el 11 de junio, cruzó como un latiga– zo muchas conciencias JESUS NO DIJO: «Si quieres entrar en la vida eterna, vive una vida de comodidad y de placer..., déjate llevar por lo que hagan los demás, sin quijotismos ni estrecheces de conciencia..., y no te fijes en los medios de conseguir lo que deseas, sino sólo en el fin: ganar, vencer, darse buena vida». LO QUE JESUS DIJO FUE ESTO: «Si quieres alcanzar la vida eterna, guarda los manda– mientos». Y LOS MANDAMIENTOS NO TE MANDAN amar el dinero por encima de todo, sino a Dios sobre todas las cosas; blasfemar por parecer más hombre, sino emplear siem– pre con reverencia el santo nombre de Dios; divertirte desaforadamente los domingos, sino santi– ficar las fiestas; vivir dando a la carne cuanto le apetece, sino huir de la fornicación y no desear siquiera la mujer ajena; emplear toda clase de medios para que los «cuartos» del vecino pasen a su propia bolsa, sino abstenerse del hur– to, del engaño y hasta de codiciar los bienes de los otros. CRISTIANOS: ¿No os dais cuenta ele que os estáis jugando vuestro por– venir eterno?» 347
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