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que abrazaba la vida religiosa; a los primeros se les decrn : «Carísimos hermanos: que Dios y San Francisco os prote– jan, para que seáis dignos de Cristo en medio del Cuartel»; y a la segunda: «Bendita seas, Angeles. Te llamaremos ya bienaventurada, porque el Señor ha puesto sus ojos en ti, distinguiéndote entre muchas». Al final del curso, «Avan– zadilla» daba cuenta de que dos de las más jóvenes tercia– rias - que por cierto cumplían admirablemente con todo lo de la Juventud - acababan de coronar sus estudios de bachillerato con «matrícula de honor», la calificación má– xima, y que otras dos habían conseguido, también con bri– llantes calificaciones, la licenciatura de Filosofía y Letras en la Universidad de Valladolid; la apostilla era ésta: «Los triunfos de nuestras hermanas nos llenan de satis– facción, son en verdad «nuestros triunfos»; porque todos nosotros queremos formar una sola e ideal familia donde sean comunes las alegrías y los dolores. Por otra parte, esperanzas que estas cuatro a quienes ha sonreído tan fe– lizmente el éxito sabrán emplear toda su valía juvenil en el servicio del bien». Las noticias de fuera que publicaba «Avanzadilla» eran seleccionadas con un criterio «muy suyo": no se trataba de ofrecer materia a la curiosidad, sino aprovechar ocasio– nes para instruir. Cada número tenía su «Noticiario sen– sacional», que era muy leído. He aquí algunas muestras: «La carrera de Diana Durbin. - Todos conocemos a Diana Durbin. Empezó haciendo papeles de muchachita ingenua y deliciosa... Pero hoy, según noticias de Norte– américa, está progresando demasiado: a los diecinueve años, primer matrimonio; a los veintiuno, primer di– vorcio; a los... , segunda boda; a los..., segundo divorcio... Y así sucesivamente, porque una vez empezada la «carre– ra»... No obstante, Diana seguirá mirándonos quizá desde la pantalla con ojos ingenuos de niña inocente. Pero ¿quién la va a creer? Aunque no queramos, tendremos que repli– car a su mirada con las palabras evangélicas : "¡ Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, que sois semejan– tes a los sepukros blanqueados: por fuera, muy hermosos a la vista de los hombres; mas por dentro, llenos de co– rrupción y podredumbre». «¿De qué manera le gustaría a usted morirse?» Un semanario algo sensacionalista y bastante frívolo ha tení- 345
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