BCCCAP00000000000000000000393
cielo radiante, el sol en su mejor momento... Pero ¡ cuán– tas veces los viajeros de la ilusión se obstinan en meter– se por zonas peligrosas, para acabar en mísero naufragio bajo un cielo que ellos mismos «han puesto sombrío» y en el abismo de un mar que a causa de ellos se «ha pues– to agitado!» Los versos de Rubén hicieron efecto en los corazones sensibles de casi todas aquellas muchachas. Una se atre– vió a pedir al Padre que los repitiera... Luego, otra se le– vantó para decir: - Volviendo a lo de los libros de amor, parece que usted reprueba en bloque... Mira: a mí una de las cosas que más me gustan es la precisión o exactitud en lo que se escribe o se habla. La pregunta decía así: ¿Qué libros de amor aconsejaría us– ted a las chicas de quince a diecisiete años? Y yo respon– do: Aconsejar, ninguno, por inútiles o por peligrosos; per– mitir, seguramente permitiría algunos en ciertas circuns– tancias... Ya ves que esto no es lo mismo que reprobar en bloque. - Bien; pero a mí - dijo otra - me da la impresión de que usted descalifica exageradamente el amor humano, que trata de quitarle importancia. Yo pienso que cuando tanto se habla y escribe sobre él... - El que se haga tantísimo ruido sobre el amor no es prueba decisiva de que sea lo más importante en la vida. Si juzgáramos por lo que se escribe y se habla de fútbol, habríamos de concluir que nada tenemos tan importante como él en la sociedad actual, y que si tal deporte desapa– reciera de pronto, se produciría una tremenda catástrofe, cuando la realidad es que podríamos pasarlo bastante bien sin fútbol y sin futbolistas. »Ningún hombre cuerdo puede dejar de reconocer que el amor es importantísimo y necesario en el mundo. «Mag– na res est amor» dijo ya hombre tan espiritual como el autor de La imitación de Cristo: «gran cosa es el amor», ciertamente; pero debemos entendemos, porque con esa tan respetable palabra se designan sentimientos y conduc– tas muy dispares. No es lo mismo lo que Romeo sentía por Julieta que lo sentido por San Francisco de Asís hacia los leprosos; gran diferencia habremos de poner entre los afectos de Margarita Gauthier, la «dama de las camelias», 342
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz