BCCCAP00000000000000000000393
efecto de sus oraciones y sacrificios... Vinieron los prime– ros días de junio..., y continuaba la cosa en el mismo es– tado. Empezó a nublarse su alma. «¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué Dios no la oía? ¿Por qué la Virgen no había hecho caso de sus ruegos? ¿No se habría esforzado en vano? cNo sería todo inútil... y lo mejor, procurar aprovechar– se de la vida?» Una oscuridad de tormenta se desplegó so– bre su espíritu. Y en aquella oscuridad se insinuaba con fuerza la voz del maligno: «No seas ilusa; estás deshaciéndote tonta– mente, persiguiendo ideales que no son para ti... ¿Qué has sacado en limpio de tanto esforzarte en el mes de mayo? La Virgen ni se ha dado por enterada. Has perdi– do bonitamente el tiempo. Hay que evitar esas exagera– ciones místicas, que no conducen a nada; viviendo honra– damente y no haciendo daño a nadie, ¿por qué no disfru– tar todo lo posible de la vida? Si en vez de sacrificarte te hubieras divertido como tantas que tú conoces, hubieses adelantado mucho más... Ya ves: ellas no andan con exa– geraciones corno tú, y quizá son mejores, y desde luego Dios les hace tanto caso corno a ti. Déjate ya de ilusiones bobas v procura vivir como las personas normales, aban– donando esos misticismos, que sólo sirven para marchitar tu juventud y poner la misma. salud al borde de la ruina». La pobre Josefina sentía a veces rugir en su interior una tempestad de rebeldías... contra aquella vida «sin sentido», contra las mismas disposiciones de Dios, casi siempre incomprensibles y desconcertantes; en las horas peores hasta cruzaban por su espíritu relámpagos de de– sesperación... ¿Por qué habré hecho nada? Total, para lo que estoy consiguiendo... Valía más morirse, acabar de una vez. Siguiendo en este plan, mi vida va a ser un con– tinuo sufrir. Dicen que la vida más fecunda es la vida de crucificada; eso se dice bien, pero... A ratos parecía corno si el «taedium vitae», la naúsea de un vivir así, la doblegase. ¿Quién podía obligarla a aquel monótono pasar de los días de su juventud? ¡ Y si el renunciar a tantas cosas le sirviera al menos para ade– lantar en los caminos de Dios!. .. 'Pero no; ella ya no veía en sí misma más que frío, desgana y cansancio de todo. El P. Fidel podía decir cosas bonitas... ; la realidad que 328
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz