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EL DIOS DEL AMOR OBRA EN LAS ALMAS Y DA SU MAXIMO ESPLENDOR A LOS JARDINES Ya mayo se había ido; y de su paso parecía quedar tan sólo en el alma de Josefina una honda depresión. Durante todo el mes se había esforzado ella, por amor a la Santísima Virgen, en ser espiritualmente más genero– sa que nunca; había hecho bastantes sacrificios, algunos muy costosos, esperando obtener con ellos varias gracias que estimaba de gran importancia para su vida espiritual. La principal de todas era ésta: que la fuerza de apasiona– miento con que a veces se encariñaba su corazón de cier– tas personas la sintiera en adelante sólo para amar a su Divino Hijo Jesús. ¿Podía acaso haber pedido cosa más santa y más agra– dable a la Madre del Cielo? Pues entonces, ¿por qué no se la concedía? Mayo se acababa y ella no sentía el menor 327

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