BCCCAP00000000000000000000393
Hacia el medio de su carta, la joven confesaba: «Mi vida, esta vida de veintiocho años - un poco vieja, ¿no? ha sido tal vez algo anormal ; pero ahora, cuando sere– namente contemplo el camino recorrido, y veo lo que soy y lo que no soy, creo que ha valido la pena luchar como he luchado por salir del montón». Concluía de este modo : «Señor: ¿por qué tan desor– denadamente he contado todas estas cosas que sólo pue– den interesarme a mí? Me han dado valor los dos artícu– los que he leído en «Avanzadilla» sobre las mujeres de hoy. Dicen la verdad. «Margot, Chachu»... «La mujer y el Paracaidista». Bueno; pero también hay mujeres que va– len la pena. ¿No es así?» Esta carta había hecho gran efecto a la melancólica «ar– tista» del café. A Carmen del Río, al menos de momento, la dejó casi como estaba. V Cierta mañana de mayo, cuando el P. Fidel, de rodi– llas a un lado del presbiterio, daba gracias después de ce– lebrar misa, pasó por allí un terciario de los más cumpli– dores, Aniceto Hernández de Colle, hombre achaparrado y fuerte, llano y directo en su trato como un buen labrador. Susurró al oído del P. Fidel que deseaba hablarle unos mo– mentos. Salieron ambos hacia el amplio claustro que llevaba a la portería. Saludos cordiales. Y en seguida «al grano». - Mire, Padre, me gusta ese periódico que ha sacado usted. Conocí el primer número por María Jesús (mi hija, también terciaria), que lo llevó una noche a casa, y luego me suscribí muy contento. Pienso que puede hacer un gran bien. Algo así estaba necesitando la juventud... He pensa- do también que todos tenemos que ayudar.. . Y sin más, abrió la chaqueta y tiró de cartera. Salió, casi nuevo, un billete de 100 pesetas. «¡ Buen donativo!», se dijo alegremente el P. Fidel. Hasta la fecha las suscrip– ciones más generosas no habían pasado de 25 pesetas, por 323
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz