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IV Mayo, con sus flores, con sus cantos a Maria, con sus días largos y hermosos, estaba ya a buena altura. Todas las jóvenes terciarias y hasta casi todos los muchachos, habían empezado el mes con los mejores pro– pósitos de honrar a la Madre de Dios. Pero la inconstan– cia humana para el esfuerzo de la virtud es muy grande. Hacia el día 15 ya eran bastantes las que no se mostraban tan generosas como el primer día. Ya venía algún atarde– cer en que, acuciadas por las ganas de cine, dejaban de asistir al ejercicio de las Flores en la iglesia..., aunque siempre, eso sí, con la intención de rezar ¡1,luego privada– mente el rosario y lo demás. Y en general, cumplían di– cha intención. Iban siendo también más escasas las flo– res espirituales... y tenía menos vigencia en el vivir coti– diano aquel propósito inicial de «voy a ser mucho mejor en este mes de la Virgen». Sin embargo, el «Venid y vamos todos» continuaba resonando todas las tardes en casi todas las iglesias. De este canto popular se acordaba muchas veces por aquellos días la pobre «artista» del café cantante que ha– bía comprado el segundo número de «Avanzadilla» la ma– ñana del Jueves Santo, y se había acostado a la noche con ganas de llorar. Ella lo había cantado muchas veces de niña. Luego, luego... ¡Habían pasado tantas cosas lue– go ! Cosas que parecían haber quitado a sus labios el santo derecho a cantar a la Virgen. ¡Si pudiera también ella... ! Volver, volver a ... ¿No le sería posible volver? Había caído bastante; pero no llegado a hundirse del todo. Ahora, muchas cosas que parecían para siempre muertas en su alma empezaban a revivir; sacudido ex– trañamente por las recias voces de «Avanzadilla», mucho de bueno y generoso que yacía aletargado en el fondo de su ser se agitaba en busca de salida o desahogo. Pero su conciencia retrocedía asustada... ¡Había allí demasiada suciedad y demasiadas ruinas! ¿No sería mejor cerrar los ojos, y renunciar a revolver en una vida que sólo po– dría contemplarse con vergüenza y amargura? Cierto día se atrevió a entrar en una iglesia. Lo hizo 318
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