BCCCAP00000000000000000000393
tinguido «caballero»... Pero su hermana y amiga estaban en ascuas. Al salir se desahogaron : ¡ Por Dios, Josefina! ¡ Vaya rato que nos has hecho pasar! - Entonces, ¿qué queríais? ¿que le hubiera dado un beso? Precisamente, un beso furtivo fue la causa de uno de los mayores disgustos que Josefina conoció en su vida. Había al frente de cierto establecimiento un buen mu– chacho amigo de su familia, y allí se iba frecuentemente la joven a cumplir encargos de casa. El muchacho terminó aficionándose a aquella mujercita, que ciertamente irradia– ba un singular atractivo. Josefina notaba muy obsequioso al joven; pero no se le ocurrió pensar que pudiese estar enamorado. Con la mayor naturalidad accedió algún que otro día a dar un paseíllo con él: hablaban de cualquier cosa, como viejos conocidos y buenos amigos. Casi a la hora de cerrar, una tarde cayó Josefina por allí. El muchacho la invitó a ver la película, «muy bonita», que estaban dando en el «Mari»; y ella aceptó tranquilamente, después de dudar un momen– to, porque «había dicho en casa que volvería en seguida». Durante la sesión el joven empezó a tener expresiones demasiado afectuosas... Aquello ya no parecía de un sim– ple amigo. Josefina se turbó algo; pero no le dio mucha importancia. Sólo supo mirarle extrañada: - Oye, ¿por qué te has puesto a decir tonterías? - No son tonterías - replicó él, y sin más, cogiéndole la cara por sorpresa, le plantó un beso en la mejilla. Con airado empujón le rechazó Josefina, y sin acertar a decir cosa alguna, en fuerza de su misma contrariedad, abandonó precipitadamente la sala. El no se atrevió a se– guirla de momento, por no llamar más la atención, y cuan– do se decidió a hacerlo, al cabo de unos minutos que le parecieron interminables, Josefina estaba ya demasiado lejos. Desesperadamente tuvo que llamarse a sí mismo bru– to y animal repetidas veces. Temblorosa, con las lágrimas apuntando a sus ojos tan expresivos, entró Josefina en la primera iglesia que halló a su paso: la parroquial de San Marcelo. Se dejó caer desolada sobre un banco. ¡ Dios mío! ¿Qué es lo que había ocurrido?... ¿Y cómo pudo ocurrir aquello? - Le parecía 310
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz