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tieran con ella, o no pudiendo soportar la insustanciali– dad, la ordinariez, o la boba pedantería de algunos. No puede figurarse lo fiera que soy a veces - de– cía ella cierto día al P. Fidel -. Hace aún poco tiempo le mordí con todas mis ganas al hermano que tengo de veintidós años. El Padre se rio muy divertido. - Pues no crea que la cosa fue de risa; le dejé buena señal, y si después lo sentí bastante, fue sobre todo porque mamá se disgustó mucho. - ¿Y cómo tuviste ese arrebato? - Porque llegó a hartarme. Siempre se está metiendo conmigo: parece que no está a gusto, si no es haciéndome rabiar. Estoy yo, por ejemplo, leyendo tranquilamente, pues viene, y sin más, me quita de la mano lo que yo tenga y se pone a leerlo él; cojo cualquier otra cosa, y me hace lo mismo... ; me marcho entonces a otra parte, y él viene detrás. Un día ya me hartó tanto, que me lancé a arrancar– le lo que él me había quitado; pero corno tiene mucha más fuerza, no conseguí abrirle la mano, y me vengué mordién– dole con todo mi genio. El después me estuvo llamando «Tti» durante muchos días, corno si fuera una perrita. - Lo que me parece a mí es que ese hermano te quie– re mucho, y te demuestra su afecto de una manera bastan– te singular. - ¡Ah! No le quepa duda de que quererme, me quie– re, y no poco. Ahora está fuera de casa, y en sus cartas no hace más que preguntar por mí. Pero se pone frecuente– mente tan pesado... ¡ Bien dicen por ahí que «hay cariños que matan»! Estas bruscas reacciones de Josefina ya eran famosas entre quienes la conocían mejor. Había ido cierto domin– go al cine con su hermana y una amiga. Al lado de ella vino a sentarse un muchacho, desconocido para las tres; y este muchacho, con la idiota confianza de que hacen alar– de ciertos tipejos que se creen muy graciosos, mediada ya la sesión trató de hacer una caricia a Josefina, cuando más descuidada estaba ella. La reacción de la joven fue ful– minante: cogió con sus manos el paraguas que estaba en el regazo de la amiga, y asestó al berzotas un estupendo pa– raguazo en la cabeza. El lance fue muy celebrado entre los espectadores próximos, con buena rechifla para el dis- 309
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