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- Muchas gracias, amigo; lo guardaré como un re– cuerdo - y Dato Gómez le tendió amigablemente la mano. Tan sin percances fue transcurriendo todo, que los vendedores, mostrando el mejor humor, se hicieron hasta unas cuantas fotografías en plena tarea. Por la tarde cayó la segunda «víctima», en el silencio de una habitación: otro ejemplar de «Avanzadilla» ras– gado por las manos de cierto impulsivo «veterinario» as– turiano. Leíalo con interés el hombre; lo de la Peña « E» no le pareció mal, otras cosas le parecían francamente bien... Pero cuando llegó a la página tercera, y toparon sus ojos con un gran título: «EXALTACION DEL AVIADOR», no fue capaz de contenerse. «Veterinarios» y «Aviadores» se disputaban por las calles el éxito entre las chicas leone– sas (casi siempre con ventaja para los aviadores, por aque– llo del uniforme... ). La coincidencia, ni meditada ni pre– vista por la dirección del periódico, de un reproche para cierto sector de los suyos con un hermoso elogio para el quehacer de sus rivales le puso fuera de sí. Hizo peda– zos el ejemplar: ¡Sólo faltaba esto para que se les subie– ran aún más los humos a los insoportables «caballeros del aire»!». II Josefina quería hacer un mes de mayo fervoroso. Ama– ba mucho a la Virgen, y tenía que demostrárselo de mil maneras. Pensó que uno de los más hermosos sacrificios que podía ofrecerle por ser tan duro para ella - sería el de comer... Un comer sin ganas, comer a viva fuerza, lu– chando casi heroicamente contra aquella su terrible ina– petencia, por complacer lo más posible a los de casa. Empezó la pobre con la mejor voluntad. Cada día, cuando llegaban las diversas horas y se oía lo de «ya está puesta la mesa», 0 bien «Josefina, hija, ven a tomar algo», 307

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