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go las «pruebas» y organizar la distribución de los ejem– plares. No consultó con su propia comodidad, sino con su entusiasmo. No escuchó las voces de una sesuda pru– dencia, sino los deseos de sus muchachos, que pedían más a menudo «Avanzadilla». Aumentando aún más el trabajo, ocurrió que este ter– cer número del periódico hubo de reñir fuerte batalla pa– ra poder mostrarse en la calle. Llevaba fecha de 16 de abril y debía venderse el ter– cer domingo de dicho mes; pero el sábado anterior, cuan– do estaban «tirados» ya todos los ejemplares en la im– prenta-litografía, avisaron de la misma al P. Fidel, que la Vicesecretaría de Educación Popular había devuelto las «pruebas» con varias cosas tachadas por el censor civil. Aquello era un fuerte contratiempo. Ni se podría vender el número cuando todos lo esperaban, y lo que aún era peor, toda la tirada se perdería tontamente. ¡Y no estaba la cosa como para echar al aire un buen puñado de duros ! El P. Fidel se fue inmediatamente a las oficinas de la Vicesecretaría... El Delegado Provincial que se encon– traba accidentalmente al frente de la misma, se excusó con el censor... Y al censor no hubo manera de localizarle en todo lo que duró aquella tarde del sábado. ¡La venta del periódico, señalada y preparada para el día siguiente, tenía que suspenderse sin remedio ! ¡Cómo lo sintieron los chicos y chicas que por San Francisco esperaban al Padre Fidel ! Este, metido en una batalla, no la abandonaba fácil– mente. Por eso, en la mañana del mismo domingo, tan pronto como le fue posible, marchó al domicilio particu– lar del censor, un abogadito joven, ya casado, y bien si– tuado en política. Quería cogerlo antes de que saliera de casa para ir a misa o a lo que fuese. Y en casa le cogió... Pero no hubo manera de 1lega1 a un arreglo. El señorín se mantuvo en sus trece, y en– tonces el Padre Fidel, levantándose ya de la butaca, le dijo con bastante intención: - Supongo que por encima de usted habrá alguien. - Naturalmente. Aquí, el Delegado Provincial y el Go- bernador Civil, que dan por bien hecho lo que yo haga; y en Madrid... Está bien. Muy buenos días y hasta otra. 296
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