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a cierto piso en la Avda. de la República Argentina. Fernando Gordón Vázquez, bien acomodado en un sillón, leía su «Avanzadilla». - Pero ¿todavía estás así? Yo ya lo tengo leído todo, y releído mucho. - Es que me sentía cansado, y me puse a echar una buena siestecilla. Me parece muy interesante este número. - Está estupendo. Sobre todo, la página primera y la última... Tenemos que darJe la enhorabuena al Padre. - A ti, ¿qué te ha gustado más? No es fácil decirlo. Me han gustado mucho, por ejemplo, esos disparos que se hacen «Desde el parapeto de la verdad». - Precisamente ahora empezaba a leer eso. - Pues lee, lee, ya verás. «En ciertos ambientes es hoy muy «chic» eso de de– cir: «Estoy haciendo Ejercicios con el P. Tal». Hacer Ejer– cicios está hoy tan de moda como hace algunos años lo estaba el hacerse la permanente. Llega marzo o abril, y la gente « bien» hace sus ocho días de Ejercicios, del mis– mo modo que en julio o agosto procura hacer su veraneo. Es el tiempo indicado, y eso es lo que está bien; cada cosa a su tiempo. »El veraneante no suele venir cambiado por su vera– neo, y del mismo modo nuestros ejercitantes continúan siendo los mismos al acabar la semana que sigue a sus ocho días de Ejercicios, que debieron ser de vida inte– rior, de honda reforma moral. Siguen los negocios sucios, la vida sensual, la indiferencia, la frivolidad en casi todo... »•.•..• »Otra especie de gentes peca por el extremo contra– rio: ¿hacer Ejercicios ellos? Eso se queda para las muje– res y para los hombres beatos. »La respuesta a tan increíble estupidez se la voy a dar con palabras de uno que tuvo grandeza varonil para dar ejemplo aun a los más esforzados. Pueden leer la pá– gina 278 de la Biografía apasionada, de José Antonio Pri– mo de Rivera. Ximénez de Sandoval y Agustín Aznar pre– guntan a José Antonio (que les acaba de hablar de ir a unos Ejercicios) si él, como Jefe, les manda tal cosa... - «Yo no puedo ni debo mandar eso. Os lo aconsejo como 292

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