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nas había transcurrido una media hora). ¿No había nada que hacer? Ante las atropelladas respuestas que salían de todas las gargantas, Valentín Negrete hizo un gesto que quería decir: «Haced el favor de callar, y dejad a mi cargo el dar explicaciones». Empezó a sacar solemnemente de sus bolsillos «perras», reales y pesetas ... - ¿Qué le parece que será esto? Hay otro tanto en los bolsillos de mis compañeros... ¿Que si no había nada que hacer? Mire a ver cuántos periódicos traemos. ¡ Veni– mos por más! - Pero ¿es posible? Chico, si la cosa sigue así, ten– dremos que nombrarte Administrador de «Avanzadilla». Pero sin sueldo, ¡eh! Llevando un nuevo brazado de periódicos cada uno, volvieron a alejarse los vendedores camino de la ciudad. Eran las doce y diez minutos del mediodía del Jueves Ahora pisaban firme. Iban hasta dispuestos a vocear valientemente el periódico, si resultara preciso. Pasaron ante la puerta de un conocido «café cantante», «conocido» por su nada honesta fama. ...::'Oye, ¿y si entráramos aquí? - ¡ Qué sé yo, hombre! No faltará quien venga des– pués escandalizándose... - ¡ Bah! Que digan lo que quieran. Yo nada malo en– cuentro en meternos aquí para lo que vamos. La gente de estos lugares es la que más necesita leer cosas buenas... Nada, amigos: ¡adentro! Las mesas estaban vacías. Al parecer, aun los habi– tualmente más desalmados comprendían que era necesario respetar la santidad de aquel jueves. Allá en el fondo, sentadas en tomo a una mesa, con aire de cansado aburrimiento, estaban las «artistas» del lo– cal, las que tenían por oficio de cada día despertar en los hombres, con desnudeces y atrevimientos, más que con canto, complacencias o apetencias que nada tenían que ver con el «arte». Hubo un momento de indecisión por parte de los tres muchachos, mas Negrete, reaccionando de golpe, se fue decidido hacia ellas. 288
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