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zó una crisis violenta, que se resolvió en aparatoso desma– yo. »Sus compañeros de la «peña» acudieron en su ayuda. A fuerza del aire de los pañuelos, del agua derramada en la frente y del coñac en el gañote, Femando reaccionó, y recobró el conocimiento. Sus contertulios estaban admi– rados: »- ¡ Vaya hombre! No te pongas así. Menudo susto nos has dado. »Pero entre ellos ensalzaron el gesto del chico. ,,_ Eso es afición, y lo demás, tontería. »- Este muchacho es todo corazón. »- ¡ Mira que ponerse así. .. ! »La cosa, naturalmente, no era para menos. Con aquella derrota la Cultural perdía toda probabilidad de subir. La temporada estaba perdida. »Después de los tristes comentarios de cajón, los afi– cionados se fueron esfumando. Fernando, acompañado de dos amigos, llegó por fin a su casa. Aquella noche fue te– rrible; no pudo pegar el ojo. Al día siguiente no pudo ir a trabajar, porque una fiebre intensa le retuvo en cama. Deliraba con frecuencia, y no quería ver a nadie. »El martes por la mañana, para entretenerle, le lleva– ron «Proa». Tembloroso, abrió por la página de los depor– tes. Allí estaba el títudo cruel: «Ha perdido la Cultural». No leyó más. Las lágrimas le arrasaron los ojos. No pudo atender a otro título en grande que rezaba así: «Más de mil muertos en el último terremoto de Turquía». »Esta noticia carecía de importancia. »Tiró el periódico, y lloró desconsolado... ¡ Aquel 5-1 de Jerez! »Amigos: ¿puede pedirse mayor prueba de frivolidad y estulticia? ¿Cómo habremos de juzgar a gentes que sien– ten así? El mundo al revés. Y conste que soy un entusiasta del fútbol, decidido partidario de la Cultural. D. C.» Hacia las 11,30 de la mañana los chicos vendedores de «Avanzadilla» se fueron a la portería para llamar al Padre Fidel. 285
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