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»Puedes creerme, Consuelito: si el Espíritu de Dios to– ma verdadera posesión de ti, no tendrás apenas necesidad de normas prácticas, porque El te irá ayudando en cada circunstancia a hacer lo que debes hacer. Cuanto más de corazón te entregues a Jesús, más fácil - y diría que hasta necesario - te resultará el pasar por el mundo haciendo bien: recogerás para El y para las almas todas las flores que encuentres en tu camino..., tú misma harás brotar flores y Dios estará contento de ti, al ver que cumples bien la misión que El te confió. I II No eran pocas las chicas terciarias a quienes, en aque– llos días de la nueva primavera física que abría flores por todos los campos y jardines, se podía aplicar de algún mo– do el bello dicho teresiano que nos habla de otra mejor pri– mavera: «Ya, ya se abren las flores; ya empiezan a dar olor». Como el P. Fidel notaba bastantes síntomas de la espe– rada floración espiritual, dedicó parte de la reunión de un jueves a animar cálidamente a sus jóvenes en sus afanes de virtud. - ... Tal vez el mundo, siempre necio, os desprecie; o trate de poner en su rostro cierta sonrisa de compasión por lo que él llamará «vuestra juventud perdida». Quizá un se– ñor «amigo de la casa», o cualquier compañera vuestra que «os quiere bien», vendrá a criticar vuestra conducta senci– llamente cristiana, calificándola de tonta y exagerada bea– tería - hay ciertamente beaterías estúpidas, pero está muy lejos de serlo lo que yo os he venido enseñando... -. No hagáis caso nunca ni de tales cosas, ni de tales personas. «El hombre animal - escribía San Pablo a los de Corinto - no es capaz de entender las cosas del Espíritu de Dios, y las juzga necedades». »Manteneos siempre firmes y en alto. Os criticarán las que valen mucho menos que vosotras, puesto que no tienen valentía para ir contra la corriente, haciendo lo que voso- 18. - Témporas ... 273

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