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lo una hermosa lluvia de pétalos, así nosotras, ya en el comienzo de la vida, hemos de ir haciendo como una se– mentera de pequeños actos de virtud... »El Señor me ha hecho comprender desde hace algu– nos meses, que el mejor camino para llegar a El es que, por amor suyo, yo me vaya dando poco a poco a mis prójimos. Y yo he hecho el propósito de darme..., de dar– me, olvidándome de mí misma: de mi personita, de mi comodidad, de mis gustos, de mis caprichos. Pero ¡cuán– to cuesta hacer esto, que se dice tan fácilmente ! ¡Con to– do, ayudada por la gracia, creo que algo voy consiguiendo. ,,Si el alma está atenta, encuentra mil oportunidades... »Tengo una amiga o compañera, que resulta bastante antipática a las demás, por su carácter dominante, por su excesivo amor propio, que no sabe disimular ni perdonar nada (y es una lástima de chica, pues en el fondo no es mala y tiene algunas buenas dotes naturales...) Pues bien, ya en varias ocasiones, dándome cuenta de que con un pretexto o con otro se la había dejado enteramente sola, yo «me he dejado encontrar» de ella, como si me resul– tara grata su compañía, y le he demostrado el más afec– tuoso interés por todas sus cosas, hasta el punto de sen– tirse ella movida a la confidencia y al desahogo, cosa que le debe resultar bastante difícil. Siempre me ha dado mucha pena ver a X. de Z. (po– bre muchacho mal desarrollado, de figura ridícula, y me– dio tonto, o tonto del todo). Al igual de la demás gente, yo me he sentido también muchas veces tentada de pa– sarme un buen rato a costa suya, diciéndole tonterías, to– mándole impunemente el pelo, y riéndome de su boba simplicidad. Pero he pensado que a Dios no puede agra– darle que yo me divierta a costa de una infeliz creatura suya, me he dado cuenta de que se le hunde cada día más en la idiotez con este tomarle todos a broma; y así, he procurado varias veces acercarme a él en un plan al que no está acostumbrado. Ayer, por ejemplo, estuve un rati– to en su compañía a la puerta de casa, pero le hablé com– pletamente en serio, dándole la impresión de que también en serio le tomaba a él y sus cosas... El hombre se que– daba viendo visiones. En sus ratos de lucidez seguramen– te volverá a recordar mis palabras con un sentimiento que no será capaz de explicar. Quizá empiece a sentirse un 270
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