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no lo crea, es que me duele. Por otra parte, me parece mentira lo tranquila que estoy; aunque hay ratos que me acuerdo mucho de usted, pues yo creo que ahora es cuan– do mejor me vendría tenerle a mi lado, ya que se me ocurren muchas dudas, y usted me las aclararía como siempre ha hecho. Me consuela pensar que no deja de rogar por mí. »Le contaré ahora algo de la vida que he hecho estos días. He comulgado todos los días, menos dos, en que me levanté muy mareada y no me atreví a salir a la calle. Si viera, por la tarde he sido mucho más perezosa y sólo el jueves he ido a la iglesia; los demás días me daba apuro decir nada a mis primas que me acompañaban a todas partes. Pero el jueves me fui a la Hora Santa, como ahí, en León, y no se puede imaginar lo que me acordé de esa iglesia, y de nuestros círculos, y de mis compañeras terciarias... Cuando volví a casa me puse a llorar como una tonta. »El otro día se enfadaron mucho mis primas porque no quise ir a casa de un amigo de mi primo a bailar. Me dijeron qué sé yo de cosas... ¡Cómo si a mí no me gusta• ra divertirme como a la más pintada! ¡Menos mal que Jesús me ayudó mucho! Al día siguiente se empeñaron en llevarme con ellas al cine, y mí madrina me dijo que fuera, más que nada por ver si así se me pasaba la mo– rriña; pero ni a la de tres. Cuando regresamos a casa ve• nía peor. »Padre, pida mucho por mí. ¡Si viera estos días qué sola me encuentro ! Parece como si el Señor se hubiera olvidado de su «mimosita» y no quisiera nada con ella... Pero yo, no obstante, le sigo queriendo cada día más. »Mi hermana está carnbiadísirna. Comulga cada ocho días y tiene una manera muy distinta de pensar. Sin em– bargo, tengo un primo que cada día parece más bruto. Es un salvaje. »Bueno, Padre, escríbame algo si puede, aunque sea muy poquito, pues me dará una gran satisfacción. Pero, sobre todo, téngame presente en sus oraciones como yo lo hago de todo corazón con usted en las mías». Algunos días más tarde recibió el P. Fidel otra carta. Esta, de la madrina, contándole cosas de la operación: había salido todo muy bien, y María de la Gracia se re- 268
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