BCCCAP00000000000000000000393

Primer escalón, la tierra; y en el cielo está el final. ¿Y el comedor? - Pasad, pasad, ¡ qué alegría! aquí tenéis vuestra mesa: es la santa Eucaristía. ¿Vuestra familia? Aquí está: no falta Padre ni Madre; y de hermanos y de hermanas, ¡ la seráfica Hermandad!» Cordiales aplausos acogieron los últimos versos. Aquel acto «sin pretensiones» había despertado el mejor eco en los espíritus. María de la Gracia llevaba ya algún tiempo que3an– dose de molestias, y en ocasiones, de muy fuertes dolo– res... Al fin, dictaminaron los médicos que tenía inflama– ción de apéndice, y que era conveniente operarla cuanto antes. A primeros de abril salió para Madrid acompañada de su madrina. Allí tenían casi toda la familia ; allí po– dría ser muy bien atendida en el establecimiento sanita– rio al que tenía derecho por ser huérfana de militar, de militar asesinado por los rojos. No tardó mucho el P. Fidel en recibir una carta suya: «Amadísimo Padre en Jesús: Desde el momento de mi lle– gada mi deseo constante fue el escribirle, pero no quería hacerlo hasta saber una cosa cierta. »El médico de aquí, nada más verme, dijo que era necesaria una operación. Yo no sé si del susto o de otra cosa, el caso es que debí quedarme más blanca que la pared; y él dijo entonces que antes de nada necesitaba analizarme la sangre, para ver si estaba en condiciones. »Volvimos al otro día y me hicieron cuatro análisis de sangre, en el brazo y en el dedo, y a pesar del mucho daño que me hacían, no me quejé nada. Trataba de ofre– cérselo a Jesús. Gracias a Dios, los análisis resultaron fa– vorables, y mañana, martes, ingresaré ya en la clínica pa– ra ser operada el miércoles o viernes, aún no sé. Mi ma– drina ingresa también conmigo. »Estos días los estoy pasando bastante fastidiada. En c;:asa dicen que es la aprensión tan grande que tengo; pero 267

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz