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marchamos? - ¿Qué? ¡Luchar! - Luchar, y ¿cómo? ¿Cómo? ¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara: ¡Mentira!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que ro– ba?, gritarle: ¡Ladrón!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡Estúpidos!, y ¡adelante! ¡Adelante siempre!» »Naturahnente, estas cosas de Unamuno no las va– mos a tomar al pie de la letra. «Avanzadilla» no convoca a nadie con el simple propósito de lanzarnos a hacer una barbaridad, sea la que fuere. Lo que nosotros buscamos es sacudir la modorra de muchos, dar cuatro golpes o cua– tro gritos a los « bartolas» que duermen una excesiva sies– ta, y meter en el cuerpo o en el ánimo de no pocos la necesidad de ponerse a hacer algo. »El famoso don Miguel se desata aquí en gruesas ex– presiones contra los que pretenden saber, antes de mover– se, qué programa se va a ejecutar, cuál es el itinerario de la marcha y qué barbaridad es la que se intenta hacer. Pero nosotros no creemos muy inteligente el ponerse en mo– vimiento «a tontas y a locas», sin un previo saber a qué atenerse siquiera en líneas generales. El hacer por hacer no nos seduce demasiado; no queremos movilizarnos con el simple anhelo de promover alborotos y romper unos cristales por ahí... aunque tampoco renunciamos a esto cuando pueda resultar necesario. Nosotros, partidarios del espíritu clásico, nunca sabremos renegar del orden y la medida en las cosas. Impctu frente a pasividad, y acción frente a indolencia era lo que en el fondo pedía, desafora– damente, el insobornable Unamuno. Acción e ímpetu que– remos también nosotros, pero regulados siempre por una mente bien constituida, porque tenía mucha razón José Antonio al decir que «la acción sin el pensamiento es pura barbarie». »En lo que sí podemos seguir casi al pie de la letra los consejos de Unamuno es en eso de marchar siempre adelante, gritando «¡Mentira!... ¡Ladrón!. .. ¡Estúpidos!» a quienes lo merezcan. Ya resulta atosigante el que se tra– te de presentar en sociedad y darles paso franco como si tuvieran el mejor de los derechos, vistiéndolas para ello con palabras de buen ver, a ciertas intolerables desver– güenzas o claudicaciones. Nosotros vamos a tener mucho 265

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