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mente la fisonomía externa y también la íntima estructura de nuestro mundo. Bien; pero... »Margot es una chica rubia de veintiséis años cumpli– dos, que «todavía» no tiene novio. Margot, que no es fea, que no es tonta, se ha dado cuenta de su situación, y se ha colocado: Delegación de Hacienda. Taquimecanógrafa. Pero Margot no está contenta. Ella se tiene que casar. ¡ Pues no faltaba más ! »Y Margot se ha vuelto de pronto rubia platino. Y se ha pintado frenéticamente los ojos, las mejillas, los la– bios; ha procurado convencer a todos que acaba de llegar a los veintiún años, y... se ha vuelto, de la noche al día, irremediablemente tonta. Flirtea denodadamente con los chicos de tipo atlético, especialmente con uno de «40 ca– ballos» que la tiene sorbido el seso, y baila de un modo «bestial»... Sin embargo, pasa el tiempo, y Margot, rubia, pintada y tonta, no se casa. ¡ Si vierais en el fondo de su alma cómo se va incubando la más desoladora de las des– ilusiones!» A continuación traía el artículo otra pequeñita historia, la pequeñita historia de Chachu, con su vivir tan insustan– cial y peligroso y lamentable como el de Margot... ; y ter– minaba así: «Las cosas cambian. Orden nuevo, mundo nuevo. ¿No es también hora de que aparezca la mujer «nueva»? Ese tipo estúpido de las Margot y de las Chachus está ya de– masiado inservible. Vivimos horas trascendentales. Cada individuo, cada pueblo, ha de trazarse la línea definitiva de su destino. Servicio, sacrificio. Una nueva filosofía de la vida rompe duramente con todas las viejas ideas de un mundo caduco. » ¡O renovarse o morir! ¿Y cómo te renovarás tú, mu– jer? Margot y Chachu contestarían que con agua oxigena– da, una barra de carmín, un buen profesional de cirugía estética y un poco de «pose»... todo queda hecho. Pero no; lo que hay que cambiar, poner nuevo, es el alma, es la vida, es el corazón. La renovación ha de hacerse a base de procedimientos radicales. Verbigracia, poniéndose desde hoy mismo a vivir muy de verdad la vida hermosa del Evangelio». Se había acabado toda la lectura. «Avanzadilla» ya no daba más de sí. Con él en su mano derecha, antes de de- 260
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