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Como no sabía qué hacer, se dejó caer en un sillón con «Avanzadilla» en la mano. Sus ojos se posaron en el dibujo que había en el án– gulo superior izquierdo de la portada al lado del título del periódico: «¡Qué dibujo más raro! Un brazo desnudo, con la palma llagada, cruzado sobre otro cuya manga parece de fraile ... El desnudo será de Jesucristo Crucificado; pe- ro el otro... » No sabía el hombre que se trataba del escu- do franciscano, y que «el otro» era el de San Francisco de Asís, tan unido a Jesús, tan semejante aun extemamen– mente a El, que fue llamado «alter Christus» = otro Cris– to. Murillo había dicho mucho con sus pinceles en el fa– moso cuadro del abrazo; pero él no lo había visto nunca. Más le extrañó a nuestro hombre la leyenda que había debajo del escudo: Por Dios y por el César, siguiendo al Heraldo del Gran Rey. Recordó vagamente haber oído alguna vez lo de «dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César... » Pero ¿a qué venía aquello allí? Más enigmático era lo otro: «siguiendo al Heraldo del Gran Rey» ... En fin, se trataba de tonterías, y tanto daba entenderlas como dejar– las de entender. Debajo del título «Avanzadilla» leyó un subtítulo que le hizo sonreír : Hoja-Periódico de combate Secciones Juveniles de la V. O. T. de León Y luego, el editorial, que parecía casi desafiante: AQUI ESTAMOS NOSOTROS ¡ Mucho alzan el gallo éstos! Vamos a ver qué di– cen. «Sí, aquí estamos nosotros. Y sabiendo por qué esta– rnos y qué es lo que queremos. Hay muchas gentes que se encuentran aquí o allá «sin saber por qué», que aparecen o desaparecen «sin ton ni son», que hacen muchas cosas inconscientemente. Tal modo de proceder no dice bien con naturalezas racionales. 255

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