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«Honor, riqueza, hermosura... todo cuanto el mundo encierra, en un pufiado de tierra se torna en la sepultura. Lo que en la vida sembrares cogerás en el morir: si virtud, hallarás premio; si pecados, ¡ay de ti!» Otras no supieron o no qms1eron reprimir su curiosi– dad, y debajo de las luces de la calle se pusieron a ver qué era aquello que les habían dado... Y en seguida los co– mentarios más diversos. Predominaban los de «está muy bien», «yo creo que va a ser una cosa interesante». Pero no faltaron algunas que dejaban traslucir cierto resenti– miento poco generoso: «¡Otra salida de las «hermanas» terciarias L.. Parece que estas dichosas Secciones juveni– les de la Venerable Orden Tercera buscan comernos la merienda a todas las demás asociaciones... ¿No te parece que van tornando demasiadas alas? - ¡Bah ! Ya se les irán bajando los humos. Empezar es fácil; veremos cómo se sos– tienen»... Las que no podían disimular su contento, su ruidoso entusiasmo, eran,• naturalmente, las chicas tercia– rias. Para la mayor parte de ellas la súbita aparición de «Avanzadilla» era una sorpresa. «Avanzadilla» entró aquella noche en los más diversós hogares de León; y tuvo, igualmente, los más dispares destinos... Pero ninguno de sus ejemplares pereció sin an– tes haber sido leído y comentado - con simpatía-, con reti– cencias, con simple interés - por varias personas. Una de las jóvenes que llevaron «Avanzadilla» tenía un hermano bastante rebelde - rebelde y difícil para las co– sas de la Religión -, que era la pesadilla de su cristiana madre. El muchacho, al entrar en casa aquella noche (ve– nía aburrido y amargado como casi todos los días), se encontró con el ejemplar que su hermana acababa de de– jar entre el velo y el rosario, sobre la mesa del comedor. Lo cogió despectivo: «¡Vaya! Otro papelucho de los mu– chos que trae Mari Carmen a casa !. .. Estos curas y frai– les se pintan solos para escribir bobadas. ¡Mientras haya beatas tontas que les atiendan... !» 254

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