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aún muchas cosas sólo esbozadas o todavía inéditas; hay que corregir bastante; hay que llevarlo todo a plenitud. El amanecer no tiene sentido, por muy bello que sea, sino como inauguración de un nuevo día; y así, toda esta bella aurora de España se desmayaría en un tristísimo fracaso si no supiéramos llevarla hasta un espléndido mediodía de realidades bien logradas. »Para esa tarea se os convoca, estudiantes españoles. Tarea difícil y penosa. Ya José Antonio lo advirtió: «Nos– otros, estudiantes, no os llamamos con la invocación del nombre de Espaiía a una charanga patriótica. No os invi– tamos a cantar a coro fanfarronadas. Os llamamos a la labor ascética de encontrar, bajo los escombros de una España detestable, la clave enterrada de una Espaiía exac– ta v difícil ... Nuestra manera de servir a España tendrá qué ser rigurosa. Tendremos que hendir muchas veces la carne física de Espm1a - sus gustos, su pereza, sus malos hábitos - para libertar a su alma metafísica»... »Para llevar a cabo una tal obra de rigor saludable, hemos de empezar por ser rigurosos con nosotros mismos, no dejando que nos gane el afán de tranquilidad y vida cómoda, no estando nunca contentos de nosotros: ni de lo que sabemos, ni de lo que hacemos, ni de lo que somos, ni de lo que soñamos, sino buscando siempre más. Será necesario permanecer siempre en disposición de renun– ciar a los encantos de «paz y siesta»... »Por eso, mientras el vivir de tantos jóvenes españo– les sea tan insustancial y tan inútil; mientras tantos cai– gan en la tentación de dejar, por una sesión de cine, por una tarde de baile, por un «no tengo ganas», el cumplimien– to de una obligación, de un acto de servicio, de una pala– bra dada, por insignificante que parezca la cosa; mientras muchos cultiven más entusiasmo y admiración por un buen futbolista, por un púgil de fama ..., que por un hé– roe de nuestra historia, o un actual laureado con la Cruz de San Fernando, PODEMOS ASEGURAR QUE LA SAN– GRE DE NUESTROS CAJDOS, AL MENOS EN BUENA PARTE, PERMANECE TODAVIA ESTERIL E INFECUN– DA». Los aplausos estallaron por todo el ámbito del salón. No eran aplausos de compromiso; se notaba claramente en ellos la vibración del entusiasmo. Por eso, el «Cara al 248

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