BCCCAP00000000000000000000393
que aquella vida no acabó con el desasosiego de mi al– ma... Yo seguía «enferma». »Decidí entonces aprovechar bien las frecuentes oca– siones de viajar que se me ofrecían. Parientes de muy bue– na posición que tengo en Madrid y en otros puntos me in– vitaban mucho a pasar temporadas con ellos, o a acompa– ñarles en sus viajes, y como en casa no sabían qué hacer para tenerme contenta, me animaban a aceptar. Pasé tem– poradas estupendas en Madrid, en Sevilla y Extrcmadura, en el balneario de Liérganes (Santander), en Salamanca, etc... Pero no mejoré. Me distraía de momento; luego, como antes, como siempre. »En Madrid es donde más tiempo suelo pasar, hasta el punto de que casi estoy allí tanto como en casa. Y en Madrid la vida no puede ser para mí más seductora: ro– deada de comodidades, colmada de atenciones, pudiendo asistir a toda clase de espectáculos, aun los más costosos, y frecuentar las mejores sociedades de recreo..., en una palabra, teniendo a mi alcance cuanto «materialmente» puede apetecer una joven para ser feliz. Pues bien: Probé de todo, y todo me dejó insatisfecha. Más de una vez, sen– tada en la butaca de un cine elegante, aprovechaba la oscuridad, no para ver la película, sino para poder llorar un poco a gusto. Quizá al hacerse de nuevo la luz, mis pa– rientes o acompañantes se daban cuenta y entonces yo tenía que decirles que me dolía la cabeza, o inventar cual– quier otra razón tonta. No fueron pocas tampoco las oca– siones en que, dejando una reunión, o el paseo con mis amigas, me volvía precipitadamente a casa. ¿Para qué? Para desahogar mi estado de ánimo ¡ llorando sin testi gos en mi habitación! »Por probar de todo, probé hasta simular interés o correspondencia hacia un muchacho muy simpático que estaba «chalado» por mí... No pude seguir mucho aquella forzada comedia. Un día, para acabar con ella más radi– calmente, empaqueté mis cosas, y sin decirle nada, me vine a León. »Cierto, si el mundo pudiera dar satisfacción y verda– dera dicha yo las hubiese gozado en Madrid... Lo pasaba «materialmente» tan bien, que casi sentía remordimiento de tener tanto, y siempre, al volver a casa de la calle, re– zaba un Padrenuestro por las jóvenes de mi edad que vi- 240
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz