BCCCAP00000000000000000000393
ca estuviste «lejos de Dios» en el sentido de vivir en pe– cado; ocurría sólo que le olvidabas con bastante frecuen– cia, y no atendías en serio a amarle con todo tu corazón. - Pues aun así y todo, yo no conocía lo que es la sa– tisfacción verdadera, la paz íntima que tanto necesitamos. La mayor parte de mis días eran tristes, muy tristes. Yo no podía entender lo que me pasaba; pero sentía aquí dentro un vacío, una falta de no sé qué... Llorando me dormía muchas noches, y al despertar por la mañana, y darme cuenta de que había que seguir viviendo, empezar un nue– vo día, tan desolado como el anterior, como casi todos, me acometía una angustia horrible, y... vuelta a llorar. ¡Cuán– tas almohadas he humedecido! Era muy frecuente que al salir de mi habitación, ya vestida y arreglada, llevase los ojos enrojecidos más de la cuenta; procuraba entonces es– quivar a mamá, pero ella parecía estar esperándome: me miraba fijamente, yo bajaba los ojos y me ponía a ha– cer cualquier cosa por allí... Pero era inútil; ella «com– prendía» más de lo que yo hubiese querido. Y debía de su– frir también. Muchas veces guardaba silencio; otras me decía: «Pero, hija, me estás consumiendo. ¿Qué es lo que tienes? Dime: ¿te falta algo acaso? ¿No estás contenta con nosotros? ¿Qué es lo que deseas?» Yo ¿qué iba a decir? In– clinaba la cabeza y procuraba alejarme con cualquier dis– culpa. Más de una vez me dijo también: «Estás ofendien– do a Dios..., pues te ha dado cuanto necesitas, y bastante más, y tú nunca pareces contenta con nada». - Pero, ma– má: si yo no me quejo. - « Es lo mismo ; a mí no puedes ocultarme que algo te pasa, me doy perfecta cuenta de que sufres y lloras... Debías tener más conformidad y resigna– ción, y esforzarte por vivir como los demás». - Desde luego, eres «un caso», como dicen por ahí. - Durante un año, aproximadamente, quise probar de todo, para ver si daba con algo que me llenase..., que me hiciera «vivir codo los demás». ¡Tarea inútil! Al final de mis experiencias me encontraba lo mismo, o quizá peor. »Tuve una temporada de mucha piedad - bueno, me parece que siempre he cumplido como verdadera cristia– na, pero aquella temporada fue algo que se salía de lo co– rriente -; creí haber dado con mi remedio..., mas pr,Jnto me sentí otra vez cansada e insatisfecha. Ahora compren– do que fue por no entender bien la piedad; el hecho es 239
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz