BCCCAP00000000000000000000393

do con él... Luego me pongo muy triste, porque me pare– ce que he disgustado mucho a Dios, y que hasta he echado a perder todo lo bueno, que al vencerme y callarme, había logrado en ocasiones anteriores. - No, mujer, no. Dios ve tus esfuerzos, tu buena vo– luntad, y a ellos atiende mucho más que a tus miserias. Frecuentemente pensarnos que si una obra no nos sale del todo bien, ya está toda ella mal. Nuestras obras pue– den tener muchas imperfecciones, y sin embargo, agradar a Dios bastante, o quizá mucho, porque en ellas hemos puesto un sincero afán de portarnos como El quiere (aun– que de hecho quede luego la cosa bastante por debajo de «lo que debía ser»). ¿No te parece que es casi pensar mal de Dios el creerse que El anota sólo nuestros fallos? A ve– ces nos imaginamos al Señor corno un amo descontentadi– zo que nos está acechando continuamente, para sorpren– dernos en algún descuido o fechoría, y ponérnoslo en se– guida en la cuenta. »No; yo estoy seguro de que las cosas no pueden ser así. Dios sabe de qué pasta estamos hechos, sabe cuán grande es nuestra limitación e inhabilidad para lo bueno; y por eso, ha de mirar más a lo que hemos deseado y bus– cado, que a lo que de hecho nos ha salido. Y nuestros po– bres esfuerzos de virtud han de pesar bastante más ante El que nuestras miserias, pues cuando tratamos de agra– darle, lo buscamos expresa y deliberadamente, de todo co– razón; mientras que cuando caemos en faltas, siempre lo hacernos arrastrados por la debilidad o mala inclinación, no precisamente por ofenderle o desagradarle. »El es Padre amantísirno, Josefina, y un padre siempre está más dispuesto a fijarse en las cosas buenas, que en los defectos de sus hijos. Por eso, no te desalientes nun– ca, por muy miserable que te encuentres, por mucho que no logres dominarte como quisieras, ni aciertes a ofrecer– le tus crucecitas con el amor y la generosidad que todos le debemos. - Pero ¡ resulta tan penoso y desalentador ver que no hago ni una cosa perfectamente bien... ! - Lo que a ti te corresponde es desear siempre, ha– cer esfuerzos ... ; lo otro, ya lo irá arreglando El en los momentos oportunos. Nos conviene vernos frecuentemente miserables; porque si no, con lo inclinados que somos a 231

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz