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éxito que de buena voluntad. Pero, ¡ con cuánto amor las contemplaría Jesús desde su custodia, a pesar de todo! Nunca podría aplicarse mejor la observación de Santa Teresita: «Los niños lo mismo agradan a sus padres, des– piertos que dormidos». Con la llegada del P. Fidel empezó a reanimarse todo... El se revistió pronto en la diminuta sacristía, y salió a hacer la Reserva del Santísimo. Las notas devotas del «Tantum ergo» acabaron de despertar a las somnolientas, dejándolas en forma para asistir con toda devoción a la santa Misa, ¡la primera del año! Casi al dar las seis em– pezaba el Padre, al pie del altar, el diálogo inaugural del sacrificio: «In nomine Patris... Introibo ad altare Dei»... Unas cuantas de las asistentes, por sus misalitos, iban con– testando. Llegó la comunión. Todas se acercaron a recibir a Aquel que les traía la mejor felicitación de Año Nuevo. Con El, huésped de la más secreta cámara de sus corazo– nes, se entretuvieron en una breve pero fervorosa "acción de gracias». Luego, las últimas palabras del Padre, para desearles desde el altar y en nombre de Dios muy venturo– so Año Nuevo... Cuando, desalojada ya la capilla, se encontraron todas reunidas en el salón, fue como un contagioso despertar de vivacidad y alegría. Se abrazaban, se deseaban unas a otras mil felicidades... No pudo prolongarse mucho la expansión. Hubo or– den de abrigarse bien y dirigirse inmediatamente a casa, a encontrar bajo las mantas un sueño que tenían bien ganado y que Dios había de bendecir. En animados grupitos, y con paso ligero, a causa del frío de la madrugada, se fueron alejando... , taconeando con gracia por las aceras, no sin cierto miedo - muy grande en algunas - de encontrarse de pronto con borrachos tras– nochadores. Aún parecían flotar en el ambiente vahos de crápula y jolgorio; aún no se habían extinguido del todo los gritos, las voces, los cantos, las estridencias. Carga– dos de alcohol y de hastío, de sueño y de noche en el alma fueron pasando ante ellas bastantes desgraciados que... habían soñado con una noche feliz. Mas por encima de todas las miserias de los hombres estaba la serenidad y pureza de los cielos; sereno y puro 227
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