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Y en el recogido silencio, lentas y solemnes como nun– ca, cayeron las doce campanadas desde el reloj de pared de la capilla. Nadie se movió; no sonó ningún ruido. Había pensado el Padre Fidel que la mejor oración en aquellos instantes tenía que ser sin duda la que brotara espontánea de cada corazón... Las cabezas de todas las chicas aparecían suavemente inclinadas, el rostro oculto entre las finas manos. Oraban todas, y querían decir a Jesús lo mejor que sabían, cuán– to deseaban amarle, cuán de verdad se le consagraban ellas mismas y le consagraban el nuevo año, cómo espe– raban las bendiciones de su gracia para pasarlo santa y felizmente... Al cabo de diez minutos bien colmados, el silencio se quebró sin brusquedad, por la voz del P. Fidel que de nue– vo empezaba a dirigir la oración en común: se le ofrecían al Señor y a la Madre del cielo muchas cosas..., no sólo de parte de cada una de las jóvenes en particular, sino también en nombre de toda la Juventud Femenina de la V. O. T.... ; también se le pedía mucho, mucho... porque el período de doce meses que se inauguraba allí habría de traer, junto a hermosas ocasiones de ir realizando los más altos ideales, muy serios peligros de infidelidad a los me– jores propósitos. Hacia las doce y media se terminó el acto común y principal de la «vigilia». Buen número de chicas pasaron entonces a un saloncito próximo, para descansar algo en– tre turno y turno de vela... ; y el P. Fidel regresó a su convento. No pudo dormir gran cosa. A las cinco y media de la madrugada, con una helada muy distinguida, salió de nuevo a la calle, camino del Colegio de las MM. Carmelitas. Cuando entró en el saloncito de «reposo», pudo darse buena cuenta de que las horas de la noche no habían pa– sado en vano. Las chicas aparecían por allí acurrucadas en sillitas de madera alrededor de dos o tres pequeños radia– dores eléctricos; todas, con los ojos como los discípulos de Jesús en el huerto de Getsemaní: «cargados de sueño». Había entre ellas más bostezos que palabras... También las que estaban de adoración en la capilla lu– chaban heroicamente con el sueño: algunas, con menos de 226

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