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reparadora... El que todo lo puede parece como si ne– cesitara sentirse rodeado de vuestro amoroso estar en vela, sentirse protegido, a cubierto de los desenfrenos que disparan contra El quienes se desentienden de su digni– dad sobrenatural de hijos de Dios y hasta de su dignidad natural de criaturas racionales... En el reloj de la capilla sonó el toque que anunciaba el último cuarto de hora del año. Sólo quedaban quince minutos... Y aquellos minutos eran demasiado importan– tes. Cayeron todos de rodillas. El P. Fidel, delante de to– das, al pie mismo del altar, empezó a dirigir las diversas preces que exigía el momento: rezo lento, acompasado y sentido del Te Deum lauda– mus y de tres Gloria Patri, para dar gracias: ídem del Confiteor y del Se11or mío Jesucristo, para solicitar perdón; ídem de un especial ejercicio preparado por el Padre, para reparar. Era emocionante oír cuán de verdad todas aquellas jóvenes, flores de la vida que no querían lucir ni en los salones de la frivolidad ni en los lugares del placer, repe– tían al unísono el desagraviante estribillo: «Perdón, Se– ñor, perdón... » - Por las deshonestidades y locuras con que te ofen– den y se manchan en esta noche muchas mujeres, her– manas nuestras... - Perdón, Señor, perdón. - Por las borracheras y brutalidades de muchos hom- bres, a quienes no podemos olvidar... Perdón, Señor, perdón. - Por tantas almas redimidas con tu sangre que no saben o no quieren resistir a las solicitaciones del pe– cado... - Perdón, Señor, perdón. - Por los que van a dar las primicias del nuevo año, no a Ti, de quien todo lo han recibido, sino a los peores enemigos de tu amor y de su propio bien: el mundo, el demonio y la carne... - Perdón, Señor, perdón. Se hizo luego un recogido silencio. ¡ Iban a sonar las doce ! El nuevo año estaba para dar su primer latido. 15. Témporas ... 225
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