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no parecía conveniente que chicas jóvenes formales andu– vieran por la calle de noche, y más en tal noche... ¡Por algo no se había hecho nunca cosa semejante! A todo esto le sería bastante fácil responder. ¿Cómo y dónde iba a celebrar la vigilia? En iglesias parroquiales y de conventos masculinos no se podía pen– sar. Si se cerraban tales iglesias, con ellas dentro, no ha bía de parecer bien; si se dejaban abiertas las puertas, ¿no podría ocurrir que algunos de los que andaban be– bidos por las calles quisieran asomarse adentro e hiciesen alguna tontería? Además, era necesario contar con alguna sala o local donde las chicas asistentes pudieran pasar descansando algunos ratos, pues no iban a estar en ora– ción hora tras hora hasta el amanecer... Para todas estas dificultades creyó tener la solución el Padre Fidel de Peñacorada. Fue a las Carmelitas de la Caridad, avenida del General Sanjurjo, a hablar de sus proyectos de vela eucarística con jóvenes terciarias duran– te la Nochevieja, pidiéndoles para tal fin la capilla de aquel colegio... Les explicó los pormenores de su plan; y en cuanto a los motivos, ya se los podían suponer ellas... A la superiora le pareció muy bien todo; consultó con sus consejeras, y también éstas lo aprobaron. Sólo quedaba obtener del Obispado los debidos permisos: para hacer exposición mayor, etc. El P. Fidel lo consiguió con bas– tante facilidad; y así, ya pudo proponer a las jóvenes, el jueves anterior a la fecha de la «vigilia», todo Jo que es– taba planeando... No tuvo necesidad de animarlas a con– currir; todas recibieron la cosa con el mejor espíritu, asegurando que «por ellas no quedaría», y que harían lo posible por obtener de sus casas la necesaria autorización. En bastantes casas recibieron «el cuento» que lleva– ban las chicas con no poco de sorpresa y hasta con algu– na oposición, más o menos declarada: «iban a estropear con su ausencia la fiesta familiar... , y además, aquella no– che era muy poco a propósito para andar por la calle... » Algunos padres se decían: «No se comprende lo que quie– ren estas chicas, o qué ideas les están metiendo en la cabeza. Podían esa noche pasarlo muy bien en casa, o en alguna fiesta de gente formal, y ellas prefieren ir allí, a estarse horas y horas rezando, sin dormir, quizá con frío ... En fin, si ellas tienen ese gusto... Pero se puede ser bueno 222

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