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les ver al muchacho decidido, sin excesivas timideces. No obstante, si lo quieres, veré de insinuarle algo. Por unos segundos pasearon en silencio, el uno al lado del otro. Luego habló de nuevo el P. Fidel: - Mira, no quisiera contristarte, pero he de ser fran– co contigo: dudo mucho de que ella, al menos por ahora, vaya a hacerte caso. Aunque es bastante infantil en cier– tas cosas, en otras tiene sus propias ideas... porque pien– sa más de lo que parece. La conozco bien, y creo que al presente está muy poco dispuesta a meter su hermosa y alegre libertad en las redes de un noviazgo. Por otra par– te, habría que ver si tú «le interesas» a ella, que esto sí que no lo sé, y sin embargo, es lo verdaderamente de– cisivo. Las palabras finales del P. Fidel no le dieron muchos ánimos al pobre muchacho. Comprendía que estaban car– gadas de razón, pero, ¡le era tan penoso admitir la sim– ple posibilidad de que María de la Gracia continuara su camino sin hacer caso de él... ! Aquella tarde, en el ensayo de la comedia, estuvo más torpe que nunca. No lograba poner su atención en lo que había de hacer o decir... Cuando regresó a casa, se fue' al cajón donde guarda– ba bajo llave sus cosas, y extrajo de un rinconcito un papel bien doblado. Allí había escrito algunas semanas antes: «Cada día me entusiasma más «ella». Parece una chi– ca corriente, pero está muy lejos de serlo. Aunque es muy bonita, me gusta mucho más por sus cualidades morales. Cautiva su porte exterior: tan sencilla, tan elegante (por– que viste con exquisito gusto), tan modesta... Nunca la he visto sin mangas o con escotes llamativos. Por donde pasa va derrochando simpatía. Sabe ser niña con las pe– queñas; con las mayores, la más juiciosa, y no tiene na– da de orgullo: alterna alegremente con chicas de la más humilde condición. »Es terciaria franciscana de las mejores, y hace tam– bién lo que puede en la Acción Católica, y no sé cómo se las arregla para atender a todo, pues en su casa debe de tener todas las cosas muy bien. Es una mujercita de lo más alegre que existe; se la ve siempre de un humor es– tupendo. Creo que es capaz de hacer feliz al ser más des- 219

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