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abusivamente el tiempo; ya procuraré atenderla bien a ella, sin desatender a lo demás... - Tu buena voluntad es indudable. Con todo... (¿por qué la vida nos obligará a recibir con tantas reservas las mejores intenciones?)... Déjame decirte que propósitos muy bonitos y muy elevados los hacen todos «los buenos» cuando empiezan; pero luego ¡ es tan fácil olvidarlos con la entontecedora y feliz borrachera del amor! No pienses que no te comprendo... Me doy perfecta cuenta de lo que te ocurre: puedes ver muy bien las cosas con la cabeza, pero el corazón no atiende a razones. El corazón no pide permiso para enamorarse; obra por su propia cuenta..., y ha de ser terrible la lucha, cuando se quiere contrariar sus más apasionados sentimientos apoyándose tan sólo en las frías consideraciones de la mente. El corazón llega a hacer sentir a toda la persona, que, de tener que renun– ciar a «aquel amor», la vida misma está de más: no resul– ta deseable ni casi posible. »Y suele ser en la primera juventud cuando el amor se enciende con más violenta llamarada. A esa edad, puede quizá lucharse con bastante éxito para no llegar a enanw– rarse; lo terrible es el trabajo de «desenamorarse»... Como el corazón está fresco, virgen de hondos desengaños, y aún cree con ardorosa ingenuidad en bastantes cosas be– llas, y puras, y elevadas, fácilmente se cae en un amor como aquel de que hablaba Bécquer: «Pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante un altar... » - Eso es lo que yo siento ante esa chica, que es... ¡ Ma– ría de la Gracia! El P. Fidel hizo como si la confesión del muchacho no le causara sorpresa ninguna, e imperturbablemente sereno continuó: - No tienes mal gusto, amigo... Pero, mira, hay que guardarse mucho de ciertas idolatrías. Aunque se trate de María de la Gracia, que puede proponerse como decha– do de joven bien plantada en lo físico y en lo moral, tú no debes quedar ante ella ni mudo, ni absorto, ni mucho menos de rodillas. Ningún cristiano ha de ponerse nunca ante una criatura, por muy «adorable» que sea, o lo pa- 216

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