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de tonterías o ñoñeces, y se las pasan por debajo del so– baco a la hora de obrar, «porque ellos ya tienen edad pa– ra saber de todo, y porque están seguros de que no les impresiona nada». »En fin, amigo, quiero que me entiendas bien: no es que yo te juzgue deficienternente formado, ni que te in– cluya en el número de esos ridículos mozalbetes que nos hacen reir con su tonta petulancia; trataba solamente de advertirte que no te apoyes demasiado en tu personal im– presión u opinión para juzgar de la propia idoneidad, de tu «estar en forma» para hacer ya frente a ciertas cosas más difíciles de la vida. »Y en cuanto a «ella»... Quizá sea exactamente corno tú la pintas; pero me permito decirte que a todos los que se enamoran de veras suele parecerles una maravilla sin igual aquella que es objeto de su amor. - Esta lo es de hecho. Y si usted supiera de quién se trata, me daría la razón, porque usted la conoce bien. Es... Se detuvo de pronto, algo sofocado. Le daba grandísi– mo apuro decir el nombre, «su nombre», que le sonaba a repique de gloria en el corazón. - Me da vergüenza decirle quién es, porque usted tra– ta mucho con ella. Yo estoy seguro de que tener relaciones con una chica así, aunque se empiecen muy pronto y ten– gan luego que prolongarse por muchos años, no puede ofrecer moralmente ningún peligro. - ¿No has oído aquello de que «entre santa y santo, pared de cal y canto»? En este mundo nadie está confir– mado en gracia, y hasta los mejores pueden ir maleándo– se, si no proceden con las debidas cautelas... Mira que los libros y el auscultar continuamente conciencias nos ense– ñan mucho a los confesores. »Pero dejando este aspecto de la moral a un lado, ¿no encuentras, Segundo, que es una pena el que a tu edad, cuando mejor puedes atender a tu propia formación y tra– bajar en el apostolado, te vayas a encadenar demasiado estrechamente a una mujer? Tendrás que dedicarle a ella, a contemplarla, a servirla, un tiempo verdaderamente pre– cioso..., que ya no volverá. Cuando tanto hay que hacer en el mundo, ¿tú quieres sentirte mediatizado, rindiendo tu tiempo y tu persona a los pies de una pobre criatura? - Pero, Padre..., ya tendré cuidado de no malgastar 215

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