BCCCAP00000000000000000000393

apartar del noviazgo, ya de suyo muy peligroso para la con– servación de cierta virtud, la mayor cantidad posible de otros peligros que vienen añadidos o sobrepuestos por las circunstancias en que se desarrolla. Si tomamos acertadas medidas para que esas circunstancias resulten lo menos propicias posible para la desviación pecaminosa del amor, tendremos andado mucho para alcanzar el ideal de unas relaciones verdaderamente cristianas. Y es aquí por don– de se inserta en la misma zona moral del noviazgo el «tiem– po de su duración». »¿Por qué antes no parecía mal el que los muchachos empezaran las relaciones en muy temprana juventud? Por– que también podían casarse muy pronto. ¿Por qué ahora se aconseja retrasar bastante el comienzo del noviazgo? Por– que ahora, a causa del servicio militar, o de hacer una ca– rrera, o de conseguir un buen empleo, o de encontrar casa, etc., etc., resulta muy difícil al joven el poder casarse has– ta bien pasados los veinticinco años. - Pero..., en fin, yo no acabo de ver muy claramente ese dichoso peligro de los noviazgos tempranos y de los de larga duración. Me parece que para el asunto de la cas– tidad tan peligroso puede ser uno corto como uno largo... - Puede ocurrir que un noviazgo empezado en cual– quier tiempo se desate en seguida hacia la baja pasión sen– sual, convirtiéndose en sucesión de torpezas. Pero no es eso lo corriente. Lo ordinario es que se empiece un poco (o un mucho) «por lo alto», y que luego, de no poner mucho esfuerzo y vigilancia, se vaya descendiendo peligrosamente en la escala del amor. Suele haber sentimientos muy no– bles en las primicias del enamorarse, delicadeza y respeto; luego los sentimientos van bajando de tono... - ¿Por qué? - Porque al principio obra mucho la «ilusión», la emoción de ver ya entre las manos (pero aún sin «desem– paquetar») una cosa largamente soñada y que tiene todas las apariencias de ser maravillosa. A fuerza de usarla, la ilusión se evapora - porque la ilusión es sólo de cosas en– trevistas, más bien soñadas - y la novedad deja de ser– lo... : queda sólo la realidad, y la realidad suele ser decep– cionante, porque casi nunca la encontramos tan llena de contenido como nos la habíamos imaginado. A todo esto se añade nuestra congénita movilidad, que no puede pararse 211

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz