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truirse el grupo juvenil terciario, habían actuado bastantes de ellas en funciones artístico-recreativas a beneficio de la Catequesis, y luego siguieron cosechando triunfos ba– jo la experta dirección de la señorita Aurora Barniedo, veterana en tales empresas. Como ellas sabían su «gracia» y sus éxitos, cuando se enteraron de que los chicos «iban a dar una función», lo celebraron mucho, y no perdían ocasión de tomarles el pelo y pincharles a cuenta de lo que se iban a reir cuando les vieran en el escenario..., con «lo sosos que eran»..., y «la poca gracia que tenían los chicos para hacer cosas bonitas»... Algunas hablaban así, convencidas de que efectivamente los chicos no servían para aquello, por lo menos los chicos que entonces forma– ban la incipiente Juventud de San Francisco; otras lo de– cían por tener algo que decir, por ganas de hablar con ellos, por lo agradable que resulta casi siempre para una mujer - y podemos en todo momento volver la oración por pasiva - el meterse «de mentiras» con el hombre, para disimuladamente despertar su atención y obligarle a alternar... Todas contaban con pasar muy buen rato «el día de la comedia»; pues, o disfrutarían de la « gracia» de la obra, o se reirían «a todo trapo» del actuar «desgra– ciado» de sus intérpretes. Había expectación ante el «debut» de los chicos, y ellos querían a todo trance quedar bien. Tanto como ellos lo deseaba el Padre, y hacía para conseguirlo cuanto esta– ba en su mano. El tiempo que había de perder en los ensayos era lo que más sentía el P. Fidel. En la preparación de las vela– das de las chicas él no tenía que intervenir para nada: ellas se arreglaban perfectamente con la señorita Barnie– do. Además, la formación de algunas y la veteranía de otras facilitaban mucho la tarea. El caso de los chicos era bastante diverso; había que empezar con lo más fun– damental en dicción, declamación, mímica, y luchar con– tra una mayor torpeza natural, agravada por la falta ab– soluta de iniciación en tales actividades. Incansable y ma– chaconamente se había de repetir los ensayos un día y otro día, insistiendo en el modo de hacer una interroga– ción, en el sentido que se debía dar a una frase, en el ha– blar con naturalidad y sin «tonillo», en la oportunidad o gracia de un gesto. 208

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