BCCCAP00000000000000000000393

Verdaderamente - pensó el P. Fidel - pueden descu– brirse preciosidades de almas cuando uno menos lo espe– ra. Dios tiene también en medio del mundo dónde poner los ojos. Vale la pena seguir trabajando. III Los chicos estaban preparando una comedia para re– presentarla cualquier día festivo de las ya muy próximas Navidades. No era aquel trabajo precisamente de los que pudieran agradar mucho al P. Fidel. El hubiese querido ocupacio– nes más directamente apostólicas; pero se había de con– formar. Darse a hermosas tareas de apostolado y hacer que los muchachos pusieran en ellas alma, vida y corazón, era ciertamente el fin de todo aquello y el ideal que aca– riciaba el P. Fidel. Pero de momento ¿podía intentarse en serio alguna empresa? ¡ Si ni siquiera tenían derecho «ofi– cial» a vivir! (Aún no estaba reconocida la existencia de una Juventud Franciscana leonesa). Ni se podía proyectar a largo plazo, ni de momento se sabía qué hacer, ni aca– baban de aparecer los medios para llevar adelante alguna cosa. Hasta para conseguir que los muchachos continua– ran asistiendo con regularidad a las reuniones había que luchar no poco. Como un remedio provisional para vigorizar aquella endeble vida colectiva que apenas tenía base de conviven– cia, se recurrió a lo de preparar una obra de teatro. Con motivo del ensayo los chicos tendrían que mantener una comunicación casi constante, se acostumbrarían a la dis– ciplina de disponer las cosas de modo que estuvieran li– bres para la hora convenida, y se les daba en qué entre– tenerse con no poco de ilusión. Ellos, desde luego, tomaron la cosa con gran interés. En parte les espoleaba el amor propio : querían demos– trar a las chicas que eran tan capaces como ellas de pre– sentar cosas bien hechas. Y las chicas tenían fama bien ga– nada de «trabajar estupendamente». Ya antes de consti– tuirse el grupo juvenil terciario, habían actuado bastantes 207

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz