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mran, si nadie va a predicarles? ¿Y cómo habrá predicado– res, si nadie les envía? Por algo está escrito: ¡Cuán hermo– sos son los pies de quienes van anunciando el bien!... La fe por la audición; y la audición, por la palabra de Cristo predicada». »¿Está bien claro el texto paulino? »Por eso Dios exige a ciertos fieles suyos (en concre– to, a quienes son sus «ministros») la dedicación seria a las tareas del apostolado. «El andar evangelizando - escribe a los Corintios el mismo Apóstol de las Gentes - no es precisamente una gloria para mí, sino una necesidad; pues ¡ay de mí, si no evangelizara!» (I, IX, 16). Y dice también a su discípulo Timoteo: «Te conjuro por Dios v por Cristo, que ha de juzgar a vivos y muertos, a que pre-diques incan– sablemente la palabra (divina), insistiendo con oportuni– dad o sin ella; arguye, enseña, exhorta con ancho cora– zón y buena doctrina» (II, IV, 1). »Indudablemente, las externas obras de apostolado son necesarias según los planes de Dios, y todo cristiano debe cooperar a ellas en la medida de sus posibilidades. Pero nunca ha de perderse de vista que lo más hondamente de– cisivo es lo otro: forzar la intervención de Dios con oracio– nes y sacrificios. Si esto se descuidare, las más pasmosas actividades de «apostolado» se quedarán en hueras agita– ciones : mucho ruido y pocas nueces. «Si :Dios no levanta la casa - canta el salmo 126 -, en vano trabajan quienes la construyen. Si El no guarda la ciudad, inútilmente vigi– lan sus centinelas». Y no pueden calificarse de exageracio– nes místicas las cosas que dice San Juan de la Cruz en la anotación que precede a la canción 29 de su «Cántico es– piritual»: «Adviertan aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al inundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios ( dejado aparte el buen ejemplo que de sí darían), si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración... Cierto, entonces harían más y con menos trabajo con una obra, que ahora con mil, mereciéndolo su oración, y 1zabiendo cobrado fuerzas es– pirituales en ella; porque de otra manera, todo es rnarti– llar en frío y hacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño». 182
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