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oracwn es donde mejor trabajo por el bien de la patria. Más hago por ella en el reclinatorio que en la tribuna». Y aquí tengo copiado un texto memorable de nuestro Do– noso Cortés. El gran extremeño, tan profundo filósofo como brillante orador, escribía así en julio de 1849, desde Berlín, donde estaba como embajador de España, a su amigo el marqués de Raffin, Alberich de Blanche: «Creo que hacen más po1 el mundo los que oran que los que combaten; y que si el mundo va de mal en peor, es a causa de que son más las batallas que las oraciones. Si pudiéramos penetrar en los secretos de Dios y de la Historia, tengo para mí que nos habíamos de asombrar al ver los prodigiosos efec– tos de la oración, aun en las cosas humanas... Mi convic– ción es en este punto tan firme, que creo que si hubiese una sola hora de un solo día en que la tierra no enviara al cielo oración alguna, ese día y esa hora serían el último día y la última hora del Universo». »¿Aparece ahora exagerada - preguntó el P. Fidel - la afirmación de que cualquier cristiana, por insignifican– te y oscura que sea, puede tener gran importancia a los ojos de Dios y significar mucho para los destinos del mun– do? La oración fervorosa y el sacrificio oculto de cada día no sólo pueden ir santificando cualquier humilde exis– tencia, sino que pueden también obtener incontables mi– sericordias y remedios aun temporales para otras muchas Yidas. Yo pienso, como Donoso, que los que oran hacen más por el mundo que quienes trabajan y combaten, aun– que también esto sea necesario». Calló el P. Fidel. Levantó sus ojos hacia María de la Gracia, por si acaso tenía aún algo que decir... Pero no ; tanto ella como las demás daban muestras de estar confor– mes. - Bien; entonces... - iba a continuar el P. Fidel. Oiga, Padre - le atajó una chica de aspecto senci– llo y mirada inteligente, que se levantó de pronto : us– ted nos ha dicho antes que nada puede suceder en el mun– do sin que Dios lo disponga o cuando menos lo permita... Pues, realmente, una no acierta a explicarse muchas veces cómo El permite ciertas cosas... - Tú no sabes explicarte muchas cosas que pasan en el mundo, ¿verdad? Yo tampoco. Pero yo no intento si– quiera explicármelas, porque frecuentemente no tienen 12. - Témporas .•• 177
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