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también decisivamente en la salvación o santificación de otras almas cuyo nombre y situación sólo Dios sabe. Para coronar todo lo expuesto hasta entonces, quiso que la reunión del último jueves de octubre fuese como un diálogo o coloquio sobre la materia tratada, a libre elec– ción. Así, no sólo dio permiso a las chicas para preguntar y exponer dificultades sino que las incitó a ello. Después de algunas vacilaciones, rompió el fuego Ma– ría de la Gracia. Recordando seguramente un punto que había quedado en el aire cuando su larga entrevista de junio con el P. Fidel, dijo: «No se me olvidan unas pala– bras suyas, que me llamaron mucho la atención, y con las cuales nos aseguró que una modesta colegiala y una hu– milde sirvienta y cualquier mujer desconocida pueden ser tan importantes para los destinos de los pueblos como los más altos gobernantes, porque ellas con sus oraciones y sa– crificios pueden hacer tanto y cuanto... ¿No habrá exagera– do un poquito? Porque se me hace algo fuerte admitir que una cualquiera de nosotras, o una muchacha de servicio, por ejemplo, mi simpática «Sor Simplicia» - rio levemen– te ella, y rieron también otras -, resulte tan importante para los destinos de los pueblos como Franco, o Churchill, o Kruschef, o el Presidente de los Estados Unidos». Se sentó, bastante satisfecha de su intervención. En casi todas las presentes, que pasaban del medio centenar, se produjo un leve movimiento característico, indicador ele conformidad con lo que ella había dicho y ele viva curiosi– dad por lo que el Padre iba a decir. - Muy bien con tu objeción, María ele la Gracia. Con– siderando las cosas desde un punto ele vista material, lo que yo he afirmado aparece como una exageración dispa– ratada. Pero nosotros tenemos que valorarlo todo desde el punto de vista ele la FE. Y ¿qué nos dice la fe? Que por encima de los hombres que se agitan, y agitan al mundo, está Dios para dirigir misteriosamente la marcha de la humanidad. Dudar o prescindir de tan grave verdad sería aceptar en una forma o en otra la interpretación materia– lista de la Historia, esa doctrina marxista que hemos querido eliminar de nuestra España con razones ele la mente y con la dialéctica suprema de los puños, las pis– tolas y los fusiles ... Los hombres, a pesar de su real insig– nificancia de pobres criaturas, se creen demasiado im- 175
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