BCCCAP00000000000000000000393
Yo no quiero juzgar al señor Cura, más bien trato de pro– mover su autoridad y el respeto que se le debe, según us– ted me aconsejó antes de venir; pero me tortura el pen– samiento de que no le debe de interesar mucho el bien espiritual de sus feligreses. Es cierto que ya está bien en– trado en la madurez, pero algo más... No sé, no sé... »No nos dimos por vencidos; y aprovechando que hay una capilla particular en una casona del pueblo, hemos seguido allí con nuestro rezo dominical del rosario. Ahora estamos con la novena de Animas; vendrá después la de la Inmaculada, luego Navidades... En fin, yo estoy con bastantes ánimos y no pocos proyectos. »No puedo apuntarme muchos tantos, porque aun cuando va casi toda la juventud, los mayores siguen mirándome con recelo, casi con antipatía, y repitiendo que «sólo sé rezar». Padre, soy débil, y en ocasiones temo aca– bar dándome por vencida. Quisiera tener entereza de már– tir, constancia de apóstol...; pero ¡ echo tanto de menos un poquitín de ayuda! Dirá usted que no estoy tan sola, que Dios está conmigo, mirándome y sosteniéndome... Sí, lo creo, lo creo con toda mi alma, pero ¡son tantas las veces en que no lo siento! Parece que El está dormido o escondido, o que se ha ido para un largo viaje. »Me acuerdo mucho de León, del luminoso ambiente de sus calles, de mis queridas amigas, de mis hermanas terciarias, de la facilidad para confesarse, para comulgar, para ir a cualquier hora ante Jesús Sacramentado... A veces, sobre todo cuando por las tardes contemplo cómo los últimos rayos doran los más altos picos de estas mon– tañas, o también cuando escucho el monótono caer de la lluvia, me entra una nostalgia terrible, quizá unas ga– nas locas de volverme volando ahí. »No crea que todos los ratos de mis días son tristes o con pesadumbres (en lo exterior procuro siempre disi– mular lo mejor que puedo), no. También hay ratos bue– nos; gozo mucho con el silencio de los campos, con la vista de esta naturaleza majestuosa que nos rodea. Pero quizá cuando mejor lo paso es cuando estoy con mis ni– ños: ¡ es tan emocionante ver cómo me creen todo, al menos los más pequeños, cómo sus almitas se van abrien– do hacia Dios, cómo procuran rezar, y hasta hacer algún sacrificio... ! En los recreos, si no hay personas mayores 173
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz