BCCCAP00000000000000000000393
»Ruegue mucho por mí, Padre. Nunca me asustó tan– to una tarea. Lo ofrezco todo por el bien de ellos; y me refugio en la oración. ¡Cuántas veces me acuerdo de lo que usted nos decía en las reuniones de los jueves! ¡Si no fuera por la fe, y la esperanza, y... la caridad! »Con sincero cariño, Azucena». Al cabo de pocos días recibió el P. Fidel una segunda carta. No era aún alegre, pero ya estaba más impregnada de animosa serenidad. «Padre: ¡Qué alegría al recibir su contestación! Ha sido como un bendito rayo de luz en el oscuro transcu– rrir de los días entre estas montañas. Casi lloré de ale– gría al ver cuán cariñosamente se acuerda de mí. Leí una y otra vez sus líneas, ¡y sentí tanto alivio en el corazón! Guardaré muy cuidadosamente su carta, para releerla ca– da vez que mi espíritu necesite un poco de nuevo aliento. Me ha hecho mucho bien, Padre; y aun tanto como la misma carta, la seguridad que me da de que no me ol– vida en sus oraciones. »De oraciones tengo gran necesidad, porque aquí me sigue siendo todo muy cuesta arriba. Tan difícil, Padre, que apenas encuentro piedad para mí fuera de una o dos casas. Yo creo que los niños en sus tareas escolares están tan bien como pudieran estarlo con el anterior maestro; sin embargo, los maliciosos del pueblo no dejan de decir por ahí que yo sólo sé enseñarles a rezar..., y me llaman «la beatita». Los perdono de todo corazón. »Trabajo también cuanto puedo por hacer apostolado; pero en las horas más negras del desaliento parece como si escuchara una voz que me dice: «¡Pobre ilusa! ¿Qué intentarás hacer tú, insignificante araña?» »Padre: siga rogando por mí. »Con todo afecto; Azucena». Por fin, en una tercera carta, a vuelta de otras cosas, ya pudo comunicarle una mejor noticia: « Un día, aprovechando que la juventud del pueblo estaba charlando reunida y sin saber qué hacer - era domingo por la tarde - y que los niños, mis niños, anda- 171
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz