BCCCAP00000000000000000000393

Iban dando un pausado paseíllo, y comprobaban una vez más cómo desde aquellos lugares podía abarcarse con la mirada inmensas, serenas y graves lejanías... Sólo ha– cia el Norte parecía tropezar la vista, muy a lo lejos, con la barrera ingente de picos y peñas que separaban las tie– rras de León de los húmedos y verdes valles de Asturias. "Las montaíias de mi tierra - son azules y son blancas: - por abajo son azules; - por arribita nevadas». Aquellas montañas aparecían ciertamente, a la luz declinante de la tarde, con un característico color azulado ; menos los picos. Los picos no estaban aún blancos, pero no tarda– rían mucho en recibir la primera caricia hel.ada de la nieve. Era preciso regresar a León. Adiós, querido Santuario del Camino... Adiós, Virgen Dolorosa..., «Reina y Madre del pueblo leonés». «Reina, León te llama de sus tierras».. . «Madre, León te llama de sus hijos»... ¡ Bendice siempre estas tierras, guarda siempre a es– tos hijos! 166

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz