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to de unas gentes que saben bastante de cuán penosa es la vida... El P. Fidel podía ver, o mejor, sentir el orar de algunos fieles que había cerca: hombres que no se aver– gonzaban de mostrarse conmovidos, mujeres que rezaban con susurros que parecían gritos, la cabeza levantada ha– cia Ella, en Ella los ojos, y en los ojos lágrimas. ¡ Cuánta verdad era aquello de «Reina, León te llama..., y su espe– ranza cuando gime y llora» ! Pero aún resultaba más emo– cionante allí la segunda estrofa del himno: «Madre, León te llama de sus hijos, y viene a Ti, sus hijos a ofrecerte, y vuelve a Ti, contigo a consolarse, cuando a tus brazos los llevó la muerte». El P. Fidel estaba allí como buen hijo, y por eso se ofrecía de todo corazón a la Madre... y estaba también allí para ofrecerle a aquellos jóvenes hermanos suyos de uno y otro sexo, hijos de Ella, a los que había empezado a dedicar sus mejores afanes... Después comenzó a encomen– darle las personas queridas que sufrían, los seres queridos ausentes, unos, con ausencia de kilómetros, otros, con la ausencia de la muerte: su madre, un hermano, la herma– na pequeña... « Y vuelve a Ti, contigo a consolarse, cuando a tus brazos los llevó la muerte». Llegó el momento de salir. El P. Fidel y su compañe– ro dirigieron sus pasos hacia el ancho campo que hay de– trás del santuario... El P. Fidel tenía muy pocas ganas de hablar. Sentía el alma llena. Hubiese querido retirarse un poco hacia las afueras, quedarse solo en medio del campo, envuelto por la soledad y el silencio de la tarde dorada, y dejarse llevar hacia los horizontes lejanos por sus miradas, sus pensamientos y sus sentires... - Realmente - dijo el compañero sacando de su «alejamiento» al P. Fidel - es admirable la situación de este santuario. Aquí, en el centro o corazón de las tierras leonesas, a buena altura... Sí; creo que el nombre de «altar mayor» le ven– dría muy ajustado, tan bien ajustado como a otros vene– rables santuarios de María. Es el altar mayor de nuestras tierras leonesas. Y con vistas bien abiertas hacia todos los puntos cardinales. 165
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