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guiendo también una norma tradicional, impuesta hacía años por el santo obispo de León, don José Alrnrez Mi– randa, que había gobernado la diócesis durante más de veinticinco años, la predicación debía tener carácter mi– sional o de Ejercicios Espirituales, por los temas a tratar y por los varios actos que habían de tenerse cada día. El público asistente, aunque bastante copioso, no era como para abarrotar la iglesia. De la ciudad apenas asis– tían a causa de la distancia y de la falta de comunicacio– nes. Así que sólo podían contarse fieles del pequeño pue– blo formado en tomo al santuario y grupos de mujeres forasteras, campesinas, que llamaban «anovenarias». El pueblo había crecido no poco en los últimos años, debido principalmente a la gran base militar de Aviación estable– cida allí cerca y que llevaba precisamente el nombre de «la Virgen del Camino». El número de «anovenarias» no tendía a crecer, pero eran mujeres interesantes y admira– bles. Procedían en su mayor parte de los cercanos pueblos del Orbigo - la ribera de las mejores alubias blancas - y de las pardas tierras del Páramo, que se extendían desde el Santuario hacia el Sudeste. Su presencia hacía bien al alma, pues daban la mejor impresión de una sencilla pero robustísima fe. Ellas venían a hacer de veras la novena de la Virgen, cumpliendo seguramente promesas hechas en algún trance penoso o apurado ; sólo venían a eso, no bus– caban distracciones y comodidades. Lo necesario para co– mer lo traían en humildes fardeles o envoltorios de sus casas; para pasar la noche alquilaban entre varias alguna habitación en casas de vecinos y allí dormían penitencial– mente, quizá sobre pobres jergones tirados en el suelo; durante el día su casa era el santuario de la Virgen, y de allí sólo salían para descansar algún rato dando un paseí– llo, o curioseando por los pórticos, o sentándose a la sola– na. Su ocupación más seria durante los nueve días era indudablemente el asistir mañana y tarde a todos los actos del novenario. Entre tales actos se significaba por su tipismo y devo– tísima simplicidad el Calvario al aire libre, es decir, el Vía-crucis que todas las «anovenarias» hacían a media tarde recorriendo las estaciones (señaladas con cruces de piedra) que se alargaban detrás del santuario hasta la po- 11. - Témporas ... 161
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