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se juntamente el que se1nbró y el que siega, ya que es 'Verdad el proverbio que dice: uno es el que siembra, y otro el que siega. Yo os envío a segar lo que vosotros no laborasteis; otros lo trabajaron y vosotros vais a entrar en su labor». Las misteriosas palabras del Maestro llenaron de luz el alma del P. Fidel. Sí, unas veces toca sembrar; otras, laborar las tierras que otros ya han sembrado, o recoger una cosecha en cu– ya preparación no se ha tenido parte alguna. Mas como se trabaja para un mismo Señor, no importa la diversidad de faenas y operarios, sólo importa que se trabaje bien. Lo que mayor satisfacción humana lleva consigo es cier– tamente el recoger o cosechar, pero quienes son llamados a dicha tarea no pueden tenerse por de más mérito o va– lía que quienes pasaron antes sembrando y cultivando: todo depende de la voluntad del Señor, que encarga a unos de una cosa y a otros de otra según su alta conve– niencia. Y cuando llegue la hora de repartir méritos y pre– mios, tan en cuenta serán tenidos los que pasaron arro– jando con penoso esfuerzo los granos de la buena simien– te en terrenos que aún eran una incógnita en cuanto al fru– to, como los que vinieron detrás mostrando satisfechos en sus brazos las gavillas de los éxitos. Es evidente, se dijo el P. Fidel, que lo que Dios pide a sus operarios es la generosidad y constancia en el es– fuerzo, no la consecución del fruto, que esto es cosa suya, y la va concediendo según los designios de su Providencia. He de tomar las cosas con empeño, mas también con una confiada serenidad... Quizá me fastidie la aparente esteri– lidad de mi trabajo y el que digan por ahí, o por «aquí», que no he sido capaz de formar una lucida Juventud Mas– culina; pero yo debo obrar muy sobrenaturalmente, sin complacencias ni miras humanas. ¡ Todo por El! Y El qui– zá tenga dispuesto que yo siembre y siembre en esto de los chicos, sin el aliciente de ver apuntar el fruto - acaso ven– drá otro después de mí que recoja siquiera parte de lo que yo siembro ahora -, como puede ser también que en algunas cosas en que ya se ve éxito y se atribuye a mi la– bor, de hecho yo no esté haciendo más que recoger el fru– to de lo que otros empezaron o sembraron con no peque– ña fatiga. 159

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