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dre optó por acceder y callar, pero lo hizo algo contraria– do, pues sabía de sobra que bastantes domingos no iban a hacer nada: en los recibidores del convento casi nunca faltaban visitas a tales horas, y ¿dónde encontrar otro lo– cal que ofreciera condiciones para reunirse? Con el comienzo del nuevo curso se dio cuenta el P. Fidel de algunas novedades. Por ejemplo, de que a María Araceli le había salido novio. Que era, según todas las re– ferencias, un excelente muchacho. De María Araceli sólo se podía hablar bien: una joven terciaria modelo, algo mayor y más formada que las de aquel grupito entusiasta que primero había conocido el P. Fidel. Desde hacía po– co tiempo venía haciendo de Secretaria de la «sección ju– venil». Por los primeros días del mes de junio se había instituido ese nuevo cargo, a propuesta del P. Fidel, en la junta del Discretorio de Hermanas Terciarias. Las miras del Padre eran ir preparando la constitución del grupo juvenil autónomo de tal manera, que quienes podían opo– nerse, apenas se dieran cuenta de ello; estaba él casi se– guro de que, con el tiempo, la costumbre de ver cierta<; actividades y la misma impugnable realidad de los hechos irían acabando con muchas prevenciones... Este primer paso de nombrar una Secretaria «para las cosas propias de las jóvenes», como avisos de reuniones, crónica de ac– tividades, listas, etc., era una buena base para ir dotando al grupo juvenil de cierta autonomía en su vida y funcio– namiento dentro de la Hermandad. Todas las Hermanas del Discretorio terciarias ma- yores y muy ejemplares - encontraron buena la propuesta del nuevo cargo y muy acertada la designación de María Araceli para él. Todas, menos una: la señorita María Auro– ra Barniedo, Secretaría de la Hermandad leonesa de la V. O. T., soltera de edad madura, que llevaba muchos años en el Discretorio y cumplía bien con su oficio. Esta se opuso a la propuesta del P. Fidel, «por ser una innovación», y también «por considerarla innecesaria»... En el fondo quizá temía que se mermasen sus funciones, que ella vi– niese a significar menos... Lo cierto era que difícilmente podía disimular su prevención hostil contra el auge «un poco independiente» de la juventud, y su contrariedad por el marcado interés que el Padre les dedicaba. A pesar de su oposición, la propuesta quedó aprobada, 155
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