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mente nos seduce la estrofa del canto revolucionario: «re– neguemos del viejo mundo... », entendiendo por mundo vie– jo este próximo pasado que aún no ha acabado de extin– guirse. Y si para los ancianos, según las coplas manrique– ñas, «cualquier tiempo pasado fue mejor», a nosotros, a todos los que en cada cuarto de siglo vamos formando las vanguardias de la humanidad, el porvenir, sólo por serlo, nos parece incuestionablemente interesante y cargado de promesas. Tal vez la fría razón nos haga ver que ese mis– mo porvenir se presenta no poco sombrío; con nuestro sentir de jóvenes seguiremos creyendo, sin embargo, que el porvenir ha de ser por fuerza, y porque nosotros lo for– jaremos, cada vez mejor, más bello, más agradable que el pasado que se aleja. »Y si esto ocurre tratándose de los destinos de los pueblos, mucho más ocurre en lo que respecta a nuestro propio destino personal. Como dicen que el hombre ruso marcha a veces kilómetros y kilómetros por la estepa sólo para alcanzar el horizonte, que se imagina como la fron– tera del más allá, así también el corazón joven marcha misteriosamente impulsado hacia lo desconocido y lejano de la vida, como hacia un ideal horizonte en donde se en– cuentra lo azul del cielo con lo pardo de la tierra, para dar como frnto la felicidad soñada. Lo triste es que la línea del horizonte, según parece, se muestra terriblemente es– quiva, y tanto más aceleradamente se aleja del hombre cuanto más febrilmente éste corre hacia ella. »Mirar confiadamente al futuro y esperar mucho de él es sin duda muy típicamente juvenil. ¿Qué espíritu jo– ven no está seguro de que en una forma o en otra se abri– rá paso en la vida? La posibilidad de ser un fracasado o un inútil es sencillamente descartada. »Cuando tal fe en el porvenir va desapareciendo del alma, señal cierta tenemos de que la auténtica juventud está ya sobre el horizonte, como un sol que se apaga en– tre nubes de melancolía: ha llegado il tramonto. Quizá hayan pasado pocos años sobre el cuerpo, el espíritu cier– tamente ya no es joven». Siguió luego el P. Fidel explicando cómo esta «fe en el porvenir» se convierte, por Jo menos en algunos mejor dotados, en una operante «decisión de triunfar en el por– venir», ya porque de veras queremos realizar algo que 150

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