BCCCAP00000000000000000000393
- Cuente con que lo haré así de todo corazón. - Nosotros nos creemos con algún singular derecho a que él nos atienda, y también con una más estrecha obligación de honrarle, porque León está muy relaciona– do con todo lo santiaguista. Compostela y toda Galicia for– mó parte del viejo Reino leonés; bajo los reyes que tu– vieron su corre en esta ciudad, fue cuando el culto de Santiago se afianzó poderosamente en toda la España cristiana; por esta tierra pasaba el gran «camino de San– tiago», del que son recuerdo esas cruces de piedra que aún se ven por ahí; esencialmente jacobeo en su migen y finalidad fue ese grandioso monumento plateresco que es el convento de San Marcos; y hasta creo que están ahí todavía, en no sé qué oscuro rincón de la vecina pa– rroquia del Mercado, los tambores o atabales que redobla– ron en la batalla de Clavija, cuando el Apóstol se apare– ció en estampa guerrera a las tropas cristianas, capita– neadas por un rey astur-leonés. Estaban ya los dos en la puerta del convento. Con la efusión más amistosa iba el P. Fidel a estrechar la mano del joven, para despedirse, cuando repentinamente cam– bió de actitud. - Hombre, una cosa. ¿Qué tal la lección del otro día? - ¿Cuál? ¿La que usted nos dio como preparación al verano? ¡ Muy bien! Al menos para mi gusto. - No quería preguntarte precisamente eso, sino qué tal había «caído» entre los muchachos. - Casi no he hablado con ellos, porque aún me con– sidero un poco extraño en el grupo; pero me imagino que habrá caído bien. Cuando salimos de la reurtión no me di cuenta de que hicieran comentarios, pero sí adver– tí que en general se mostraban pensativos y serios, a pesar de esas frases banales que se dicen para empezar una conversación o ir andando por la calle. Yo creo que después, a solas, no habrán dejado de meditar algo en lo que usted nos dijo. »Yo sólo tendría un reparo que hacer: que tal vez fuese su lección demasiado alta y densa para el nivel o capacidad de muchos. Ni están acostumbrados a pensar, ni se preocupan apenas por la vida del espíritu. - Tu reparo ya se me había ocurrido a iní; mas pien– so que alguna vez deben oir hablar de cosas altas, para 132
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz