BCCCAP00000000000000000000393

León varios centros juveniles católicos, en parroquias y en casas religiosas: ¿Usted puede decirme qué es lo que hacen, si se nota verdaderamente su activa presencia en la vida religiosa de la ciudad? - Hombre, es que estarán aún comenzando, formán– dose sus miembros, qué se yo... - Sí; bien está pensar siempre con caridad; pero no conviene engañarse. Algunos de esos centros tienen ya bastantes años de existencia; por tiempo, han tenido más que de sobra para formar varias promociones de mucha– chos ejemplares y activos: yo no los encuentro por nin– guna parte. No sé si la cosa se debe a que no hay gran– des aspiraciones o a que de hecho no se puede conseguir más. A veces decimos que si los Consiliarios, que si los Directores... Yo he conocido a varios que tenían, y tie– nen, gran interés; pero ellos solos no pueden hacer gran– des milagros. ¿No le parece revelador y lamentable el he– cho de que se considere como Centro «que marcha muy bien» aquel en que, a costa de perseverantes esfuerzos, se logra que asistan a ciertos actos reglamentarios «casi la mitad» de sus socios? - Me alegra oírte hablar así. Con gusto te daría ple– namente la razón, si no fuera porque siento que estoy obligado a ser caritativo e inteligentemente comprensivo. Frenar impaciencias, tratar de ponerse en lugar de los otros para entender su conducta, son cosas que cada día veo más necesarias a quien aspira a dirigir hombres. Ser exigentes con nosotros mismos; y no tanto con los demás, mientras no veamos que la exigencia está plena– mente justificada. - Pero entonces vamos a caer en el otro extremo de contentarnos con cualquier cosa y disculpar siempre a los flojos o desganados. - No, amigo, no. Soñar siempre con más y mejor; excitar fervorosamente a ello; estimular, exigir... Pero sin perder nunca de vista lo que es y suele dar de sí la pobre naturaleza humana, para que sus fallos no nos sorpren– dan, para que nuestros juicios del prójimo no sean lige– ros, para que en nuestro espíritu no se infiltre aquel «ce– lo amargo» de que habla reprobatoriamente el apóstol Santiago el Menor (III, 14). - Yo encuentro muy difícil dominarme cuando veo 9. - Témporas ... 129

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz